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Ladrona De Mente

Capítulo 3 

Palabras:686    |    Actualizado en: 09/07/2025

nal, y la señora Morales la elogió como un ejemplo de dedicación y talento. Verla en el estrado, aceptando los aplausos con una falsa hu

or" para pedirle a la señora Morales una copia del examen de Catalina. Ella, pensando que

lo. Mi corazón latía con fuerza mientras comparaba sus respuestas con las

é sin a

línea de razonamiento erróneo, paso por paso. Usó mis mismas premisas defectuosas, citó los mismos ejemplos irrelevantes que yo había elegido para parecer inteligente pero despistada. Era como si hubiera copiado mi

scribiendo "cuatro" como resultado final. Mi mente daba vueltas. ¿Cómo podía saber ella l

Morales, con los exámenes en l

re! ¡Es mi mismo razonamiento, pero el re

o fruncido. Después de unos minutos, suspiró

incidencia. A veces, las mentes brillantes llegan a conclusiones similares por caminos diferentes. Catalina simplem

era una tortura. Yo sabía que esto era una anomalía que desafiaba la lógica

ería, presumiendo de su éxito ante un grupo

en mí", decía ella, moviendo su mano con un gesto teatral. "

revolvió las entrañas. La rabia me venció.

o tu ensayo sobre el son jarocho. Es fascinante. Me encantaría que me explicaras un poco más sobre cómo la influe

e el mismo punto donde su razonamiento se había

ión de segundo. El pánico brilló en sus ojos antes

espondió evasivamente. "Sería difícil explicarlo co

fraude. Y por primera vez, tenía una pequeñ

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Ladrona De Mente
“El eco de la sirena de la ambulancia aún perfora mis recuerdos. Un listón suelto, según ellos. Mi carrera de bailarina, mis sueños en el Festival Nacional de Danza Folclórica, se hicieron pedazos junto con mi tobillo. Pero la verdadera tragedia fue ver a mi madre, mi única familia, consumirse por el dolor y la injusticia de todo lo que me hicieron. La enfermedad que se la llevó fue un veneno lento, goteando de cada titular que me acusaba de mi propia "negligencia". "La joven promesa, Sofía, descuidó su propio vestuario en un acto de irresponsabilidad imperdonable", repetían, mientras Catalina sonreía, inocente, detrás de su fachada de preocupación. ¿Cómo podían creerles? ¿Cómo podían culparme a mí, la víctima, de mi propia desgracia? La desesperación me llevó al borde, pastillas en mano, una carta de despedida a un mundo que me había traicionado. Pero la oscuridad no fue el final. Un parpadeo. El olor a laca. El murmullo del público. Mi tobillo, perfecto. "¡Sofía! ¡Sales en cinco minutos! ¿Estás lista?" Había vuelto. No era un sueño, ni el más allá. Era la noche del Festival, mi segunda oportunidad. Y esta vez, no caería en la trampa.”
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