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En El Incendio Que Me abandonaste

Capítulo 1 

Palabras:828    |    Actualizado en: 09/07/2025

n mi silla de ruedas, en medio de la sala de rehabilitación del complejo minero, un lugar que se había convertido en mi hogar y mi prisión durante

rometido, Ricardo, de un derrumbe. Empujé su cuerpo fuera del camino de las rocas que caían, pero mis piernas quedaron atrapadas. El resu

catástrofe, una explosión que sacu

silla de ruedas era mi única forma de moverme, pero el fuego bloqueaba la salida principal. El calor se intensificaba,

l es su em

ado sonaba tranqu

nero, en el área de rehabilitación! ¡Hay un

profesional. "Ya tenemos reportes del incendio en el complejo minero. Un equipo

eciendo en mi garganta. "¡El fuego está por todas par

stá al tanto de la situación. Están cerca de

co

estructuras cercanas. El humo era cada vez más espeso, mis ojos ardían y las lágrimas corrían por mis mejillas sucias de ho

s y cenizas. El fuego comenzaba a entrar en la habitación, las llamas lam

icardo. Mi prometido. El hombre por el que había sacri

, dos, tres veces. F

ofí

itada, molesta. Y de fondo, no escuchaba el

e, por favor! ¡Estoy atrapada en la

vor, deja de hacer teatro. ¿Ahora finges un incendio para llam

Las palabras no s

o. "Sabemos perfectamente que tú provocaste este desastre para culparm

ía ser. No p

una voz de mujer, suave y me

esa loca otra vez? Déjala, vámonos

. La mujer a la que Ricardo había estado c

os vi a través del cristal reforzado de la puerta, una silueta mascul

abía dejado aquí para mor

dolor fue total, absoluto, un grito silencioso que se ahogó en mi garganta quemada por el humo. En mi agoní

ardo volvería. Buscaría por toda la ciudad, desesperado. Pero ya no encontraría a Sofía, la ingenie

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En El Incendio Que Me abandonaste
En El Incendio Que Me abandonaste
“El olor a quemado y el humo denso me despertaron. Estaba en mi silla de ruedas, atrapada en la sala de rehabilitación de la mina que ardía a mi alrededor. Las llamas danzaban fuera de la ventana, pintando el cielo de un rojo infernal. Marqué el número de mi prometido, Ricardo, el hombre al que salvé de un derrumbe sacrificando mis piernas, el hombre que juró cuidarme por siempre mientras yo luchaba contra la paraplejia. Su voz al otro lado sonó irritada, no preocupada. "¿Sofía? ¿Ahora finges un incendio para llamar la atención? ¿No te basta con fingir que no puedes caminar?" La voz melosa de Catalina, la hija del dueño de la mina y su amante, se coló por el auricular. "Ricardo, mi amor, ¿quién es? ¿Es esa loca otra vez? Déjala, vámonos de aquí." Me quedé helada. Los vi a través del cristal: su silueta masculina protegiendo a la femenina, corriendo lejos del fuego, lejos de mí. Me había abandonado. Las llamas me alcanzaron, envolviendo mi silla y mis piernas inútiles. El dolor fue total, un grito silencioso que se ahogó en mi garganta quemada. Moriría aquí, sola y traicionada, mientras ellos se escapaban. Pero mi alma se negó a disolverse. Floté sobre mi propio cuerpo calcinado, observando cómo mi muerte se convertía en un peldaño más en la ambición de Ricardo y Catalina. Vería cómo mis "amados" pagarían por esta traición. La verdad es más poderosa que cualquier fuego, y yo estaba dispuesta a ser su chispa.”
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