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En El Incendio Que Me abandonaste

Capítulo 3 

Palabras:735    |    Actualizado en: 09/07/2025

epentino, le revolvió el estómago. ¿Y si...? No, era imposible. Sofía era una experta en manipulación. Siempre lo había sido. Estaba a

delicado se aferró a

mezcla de miedo y ternura. "No vale la pena. Sabes

n su voz," dijo Ricardo, más

s uñas pintadas de rojo clavá

e el fuego que ella misma inició se le salió de control y ahora tiene miedo. No caigas en su juego." Hizo una

nfirmación. Quería creerlo. Necesitaba cr

eguntó, su voz a

, no ha sido la misma. Se ha vuelto... oscura. Me mira con odio. Estoy segura d

ción de Ricardo. La Sofía valiente y fuerte que él conocía se desvaneció, re

ntenció Ricardo, convencido. "Una

aración, sel

jos de mi puerta. "Vámonos, mi héroe." Y mientras se alejaban, con un gesto que pareció casual, ella empujó

a seguridad minera, que predicaba los protocolos anti-incendios como si fueran un evangelio. La idea era tan absurda, tan monstruosa, que por un momento la incre

agro. Durante una sesión de terapia, sentí un cosquilleo en el dedo gordo del pie. El médico no podía creerlo. M

r," me había dicho el doctor, sus ojos brillando

alina, ella me había abrazad

a prueba de que el amor verdadero todo lo

empalagosas, pero ahora entendía su verdadero sign

etivo era claro: volver a caminar, volver a ponerme mi casco y mis botas, vol

en mi brazo, mientras intentaba forzar a mis piernas a obedecer. Mis músculos se contraían en espasmos dolorosos, el sudor me empapaba la ropa, pero no me

toda esa lucha, se convert

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En El Incendio Que Me abandonaste
En El Incendio Que Me abandonaste
“El olor a quemado y el humo denso me despertaron. Estaba en mi silla de ruedas, atrapada en la sala de rehabilitación de la mina que ardía a mi alrededor. Las llamas danzaban fuera de la ventana, pintando el cielo de un rojo infernal. Marqué el número de mi prometido, Ricardo, el hombre al que salvé de un derrumbe sacrificando mis piernas, el hombre que juró cuidarme por siempre mientras yo luchaba contra la paraplejia. Su voz al otro lado sonó irritada, no preocupada. "¿Sofía? ¿Ahora finges un incendio para llamar la atención? ¿No te basta con fingir que no puedes caminar?" La voz melosa de Catalina, la hija del dueño de la mina y su amante, se coló por el auricular. "Ricardo, mi amor, ¿quién es? ¿Es esa loca otra vez? Déjala, vámonos de aquí." Me quedé helada. Los vi a través del cristal: su silueta masculina protegiendo a la femenina, corriendo lejos del fuego, lejos de mí. Me había abandonado. Las llamas me alcanzaron, envolviendo mi silla y mis piernas inútiles. El dolor fue total, un grito silencioso que se ahogó en mi garganta quemada. Moriría aquí, sola y traicionada, mientras ellos se escapaban. Pero mi alma se negó a disolverse. Floté sobre mi propio cuerpo calcinado, observando cómo mi muerte se convertía en un peldaño más en la ambición de Ricardo y Catalina. Vería cómo mis "amados" pagarían por esta traición. La verdad es más poderosa que cualquier fuego, y yo estaba dispuesta a ser su chispa.”
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