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La Curandera Sin Poder

Capítulo 2 

Palabras:749    |    Actualizado en: 09/07/2025

iente, Emiliano

a el campo reseco. Su contacto, que antes me ofrecía una

da, sin devol

do en mi cuello. "Quizás deberías descansar. Le pedir

té suav

oy b

ignorarla. Su mente estaba en o

intentó ser amable. Me sirv

n los mangos," dij

preferido la papaya. Se lo había dicho docenas de ve

ejando la fruta in

flaqueó por

e estás muy lejos," dijo,

plana. "Algún día, quiero construir mi propio pueblo, un lugar don

risa condescendiente

Es un sueño adorable, querida. Pero deja esas

mplemente lo miré, y en mis ojos, él debió ver

comedor, con el rostro lleno de pánico. No era una de nues

orita Sofía! ¡Se ha desmayado

ostro, que momentos antes era una máscara de calma condescendi

á? ¡Llévame

hacia mí. Me dejó sola en el enorme comedor, co

Ella se desmaya y él corre. Yo me marchito lent

tan amarga que

de Emiliano se me clavó en la mano. El dolor fue agudo y repenti

fría. Era una herida pequeña, insignificante, pero se sentía como un reflejo de la herida mucho más profunda q

nta de Sofía todavía estaba allí,

señorita sufre, tú solo estás aquí, sin poder hacer nada. Pero, ¿qué se pu

resp

tía, una máscara para ocultar el torbellino que había dentro de mí. Ella no sabía que yo e

a en silencio, Emiliano no había regresado. Probablemente estaba al lado d

firme,

de Div

palabras legales y necesarias para disolver nuestro matrimonio. Cada

lo guardé en un pequeño cofre de madera donde gu

de usarla todaví

fía estaba escrito, y yo

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La Curandera Sin Poder
La Curandera Sin Poder
“El aire de Oaxaca siempre fue mi consuelo, lleno del aroma a copal y tierra húmeda, ese que me acompañaba como Ximena, la respetada curandera de nuestro pueblo. Mis manos conocían el lenguaje de las hierbas y mis cantos calmaban a los espíritus. Pero un día, durante un ritual vital, todo se desmoronó. Una energía oscura me arrebató mi poder, dejándome solo con la habilidad de tejer. Mi prometido, un ambicioso chamán de la capital, me abandonó sin miramientos: "No puedo casarme con una mujer sin poder." Su traición se hizo aún más dolorosa al enterarme de que se había comprometido con Sofía, mi hermana adoptiva, una bruja de alta sociedad que siempre envidió mi don. Como si no fuera suficiente, una ráfaga helada con olor a polvo del Mictlán me golpeó, y al pasar el espasmo, mis manos de tejedora también se negaron a obedecer. Me convertí en una simple vendedora de elotes. Las burlas en el mercado eran insoportables: "Miren a la gran curandera," decían, "ahora solo sirve para vender elotes quemados." Justo cuando pensaba que había tocado fondo, Emiliano, el cacique del pueblo vecino, se apareció y me ofreció matrimonio, salvándome de la humillación. Pasé de ser el hazmerreír a la esposa del cacique de un pueblo próspero, una extraña compensación del destino. Pero en el centésimo día de nuestro matrimonio, descubrí la verdad que destrozó incluso esa frágil paz. Escuché a Emiliano conversando con Tlaloc, el dios de la lluvia, revelando su cruel plan: me había usado como un escudo humano para Sofía, desviando hacia mí todas sus desgracias y sequías. Mi propio fracaso, mi humillación, mi nueva vida... todo había sido orquestado por el hombre que dormía a mi lado. Pero el golpe más devastador llegó cuando Sofía, bajo el mismo techo, con una sonrisa triunfante, reveló que tanto mi ritual arruinado como la muerte de mis padres fueron obra de ellos dos. Fue entonces cuando la rabia me consumió, y aunque me silenciaron, algo dentro de mí se encendió. No era una petición, era una orden silenciosa a mi viejo amigo el nahual: "Sácame de aquí. Ahora." Mi muerte falsa fue un engaño perfecto. Y a los ojos de Emiliano, me convertí en un fantasma, una verdad que lo destrozó por completo. Ahora, mientras él vaga en su miseria y Sofía sufre su propio exilio, yo, Ximena, he renacido. Mis poderes son más fuertes que nunca, y el tiempo de la venganza ha llegado.”
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