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La Curandera Sin Poder

Capítulo 4 

Palabras:711    |    Actualizado en: 09/07/2025

a tensión en la cas

l le estaba leyendo poesía, y ella descansaba

de Sofía se amplió, v

ce. "Emiliano es tan culto. Es una pena que tus días como ven

el ceño, no a S

a molestes.

abía desaparecido, reemplazada por una confianza cruel. "Solo estoy d

quieta, e

continuó, saboreando cada palabra. "No fue un accidente.

. Su rostro estaba pálido,

erosa no puede ser un simple conducto. Necesitábamos que fueras una cáscara vacía, alguien lo s

ió inclinarse

ea," se rió. "Te convirtió en una vendedora d

espeso, difícil de respirar.

irador. "¿Realmente creíste que fue una enfermedad repentina? Eran curanderos fuertes. No, no. Yo los envenené.

pájaros, el susurro del viento,

s padres.

n una sonrisa triunfante. "Él me ayudó a

fue un pensamiento, fue un instinto. Un grito animal rasgó mi garg

sa de su rostro. Quería

ble me detuvo. Emiliano se había movido. Estaba de pie fren

ó, su voz llena de una

gesto, y caí al suelo. El

do por mis mejillas. Él, mi esposo, estaba protegiendo a la a

nstruo," logré de

el y definitivo. Sentí una presión en mi garganta, como si una mano invis

abía quitado la voz, el ú

que debió haberlo quemado. Si creía que silenciarme me det

o, todavía temblando por el su

Te pondré a sal

en el suelo, sin voz y con el coraz

u silueta protectora junto a la de

amigo el nahual. No era una p

de aquí.

abrazaba, consolándola. La imagen se grabó en m

dolor. Solo un propósito fr

struirlo

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La Curandera Sin Poder
La Curandera Sin Poder
“El aire de Oaxaca siempre fue mi consuelo, lleno del aroma a copal y tierra húmeda, ese que me acompañaba como Ximena, la respetada curandera de nuestro pueblo. Mis manos conocían el lenguaje de las hierbas y mis cantos calmaban a los espíritus. Pero un día, durante un ritual vital, todo se desmoronó. Una energía oscura me arrebató mi poder, dejándome solo con la habilidad de tejer. Mi prometido, un ambicioso chamán de la capital, me abandonó sin miramientos: "No puedo casarme con una mujer sin poder." Su traición se hizo aún más dolorosa al enterarme de que se había comprometido con Sofía, mi hermana adoptiva, una bruja de alta sociedad que siempre envidió mi don. Como si no fuera suficiente, una ráfaga helada con olor a polvo del Mictlán me golpeó, y al pasar el espasmo, mis manos de tejedora también se negaron a obedecer. Me convertí en una simple vendedora de elotes. Las burlas en el mercado eran insoportables: "Miren a la gran curandera," decían, "ahora solo sirve para vender elotes quemados." Justo cuando pensaba que había tocado fondo, Emiliano, el cacique del pueblo vecino, se apareció y me ofreció matrimonio, salvándome de la humillación. Pasé de ser el hazmerreír a la esposa del cacique de un pueblo próspero, una extraña compensación del destino. Pero en el centésimo día de nuestro matrimonio, descubrí la verdad que destrozó incluso esa frágil paz. Escuché a Emiliano conversando con Tlaloc, el dios de la lluvia, revelando su cruel plan: me había usado como un escudo humano para Sofía, desviando hacia mí todas sus desgracias y sequías. Mi propio fracaso, mi humillación, mi nueva vida... todo había sido orquestado por el hombre que dormía a mi lado. Pero el golpe más devastador llegó cuando Sofía, bajo el mismo techo, con una sonrisa triunfante, reveló que tanto mi ritual arruinado como la muerte de mis padres fueron obra de ellos dos. Fue entonces cuando la rabia me consumió, y aunque me silenciaron, algo dentro de mí se encendió. No era una petición, era una orden silenciosa a mi viejo amigo el nahual: "Sácame de aquí. Ahora." Mi muerte falsa fue un engaño perfecto. Y a los ojos de Emiliano, me convertí en un fantasma, una verdad que lo destrozó por completo. Ahora, mientras él vaga en su miseria y Sofía sufre su propio exilio, yo, Ximena, he renacido. Mis poderes son más fuertes que nunca, y el tiempo de la venganza ha llegado.”
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