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Jaula de Oro, Alma Rota

Capítulo 4 

Palabras:776    |    Actualizado en: 09/07/2025

Alejandro. Su sonrisa de anfitrión se tensó, y s

él, su voz un silbido venenoso apenas aud

ndo su mirada firme a pesar del miedo que le recorría las venas. "¿Cu

rero que pasaba. El camarero le ofreció una copa de l

Alejandro. "Te cal

ió un sorbo. El sabor era ligeramente amargo, pero lo atribuyó al limón. C

a se sentía ligera, y la habitación comenzó a girar suavemente. Las voces a su alrededor se convi

una columna, luchando por enfocar la vista. A través de la neblina que nublab

Estás seguro de que quieres seguir con es

ro con frialdad. "Un poco dócil. F

ser vendida. Con un último esfuerzo de voluntad, se tambaleó hacia Alejandro,

icó, su voz apenas un susurr

pieza del corazón de Sofía. Delante de ella, delante de todos, Alejandro inclinó la cabeza y besó

y luego estallaron en aplausos y vítores. La

tidos de seguridad, se acercaron y la tomaron de los brazos. La arrastraron a través d

vanecía. Vio, como en un sueño borroso, cómo le quitaban el vestido. El

en su empaque. La caja se cerró con un clic metálico. Estaba atrapada, expuesta, completamente vulner

os! El lote principal de la noche. ¡La joya de los V

volar. "¡Seis millones!"

tragara. Las lágrimas corrían por sus mejillas mi

poderosa y autorit

AST

scenario se giraron, confundidos. En la entrada del salón, flanqueada por dos hombres de

aspecto desagradable había ganado la puja. "¡Diez millones d

a, lamiéndose los labios, mientras lo

a naturaleza, su mirada fija en su nieto. Alejandro se hab

Alejandro?" tronó Doña Elena, su voz re

to estaba a pun

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Jaula de Oro, Alma Rota
Jaula de Oro, Alma Rota
“Por cinco años, la mansión Vargas fue mi jaula de oro, y Alejandro, mi cruel carcelero. Me sometía a humillaciones diarias, excusándose en una supuesta "aversión" física hacia mí. La última tortura: arrodillarme sobre sal gruesa por una mota de polvo, mientras él murmuraba que la disciplina purificaba mi alma. Aceptaba su mentira, creyendo que su rechazo era una extraña enfermedad y que mi paciencia lo curaría. Pero una noche, un contacto accidental con su brazo desató su furia y sus gritos: "¡Estás sucia! ¡No me toques!" Horas después, en la soledad de mi habitación, la tablet reveló la verdad: "La Joya Oculta de los Vargas" era yo, subastada. "Se subasta: La primera noche con Sofía Romero de Vargas. Pureza certificada." Mi mundo se desmoronó, la humillación insoportable. Luego sonó mi teléfono, era Regina Castro, la amante de Alejandro, confirmando el engaño con una voz venenosa: "¿De verdad creíste lo de su 'enfermedad'? Tu virginidad es solo un trofeo." Los cinco años de mentira se hicieron añicos, dejándome vacía y rota. Caí al suelo, sollozando, con el dolor físico superado por la traición. En mi desesperación, recordé las palabras de Doña Elena, la abuela de Alejandro, el día de mi boda: "Si este muchacho te hace daño, llámame. Yo arreglé esto y yo puedo deshacerlo." Con manos temblorosas, marqué el número que guardé por si acaso, una última esperanza. "Abuela", susurré, mi voz rota, "Soy yo, Sofía. Necesito su ayuda. Por favor."”
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