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Jaula de Oro, Alma Rota

Capítulo 3 

Palabras:754    |    Actualizado en: 09/07/2025

n convertido en un objeto, en un tema de conversación morboso para la gente rica y aburrida. Se miró en el espejo del baño, pero no reconoció a la

No se molestó en tocar. Abrió la pue

de emoción. "¿Vas a pasarte toda la noc

entamente, su cuerpo r

hacerme esto

te qué? ¿Convertirte en la mujer más deseada de

rsión a la suciedad". Pensó en cómo había aprendido a cocinar sus platos favoritos a la perfección, en cómo había organizado su age

a," dijo ella, su voz tembl

e no me gusta que me toques. Pero la idea de que otros pa

su lógica era

tema. "Nos vamos en treinta minut

firmeza que lo sorprendió. "N

reció. Se acercó a ella, inv

as. Eres mi esposa, y harás lo que

cierto, vi que dejaste una mancha de agua en la encimera de acero. Después de todo

da de desesperación. Antes de que pudiera reaccionar, él la agarró de nuevo y la metió en l

vento," dijo con una sonrisa torcida. "Quiero

dola empapada y temblando, no solo de frío, sino de

El coche los llevó a un exclusivo club campestre en las afueras de la ciudad. Al entrar, las miradas se clavaron en el

o rojo sangre. Se colgó del brazo de Alejandro y le di

Sofía de arriba abajo con una sonrisa de superioridad. "Vaya, vaya.

se rió. Sofía sintió q

a de champán?" pidió Alejandro, su

giró hacia Sofía. "Tú no, por supues

años, el instinto de luchar era más fuerte que el

está bien," dijo en voz baja pero

el brazo, su agarre c

sin llegar a sus ojos. "O te juro que haré q

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Jaula de Oro, Alma Rota
Jaula de Oro, Alma Rota
“Por cinco años, la mansión Vargas fue mi jaula de oro, y Alejandro, mi cruel carcelero. Me sometía a humillaciones diarias, excusándose en una supuesta "aversión" física hacia mí. La última tortura: arrodillarme sobre sal gruesa por una mota de polvo, mientras él murmuraba que la disciplina purificaba mi alma. Aceptaba su mentira, creyendo que su rechazo era una extraña enfermedad y que mi paciencia lo curaría. Pero una noche, un contacto accidental con su brazo desató su furia y sus gritos: "¡Estás sucia! ¡No me toques!" Horas después, en la soledad de mi habitación, la tablet reveló la verdad: "La Joya Oculta de los Vargas" era yo, subastada. "Se subasta: La primera noche con Sofía Romero de Vargas. Pureza certificada." Mi mundo se desmoronó, la humillación insoportable. Luego sonó mi teléfono, era Regina Castro, la amante de Alejandro, confirmando el engaño con una voz venenosa: "¿De verdad creíste lo de su 'enfermedad'? Tu virginidad es solo un trofeo." Los cinco años de mentira se hicieron añicos, dejándome vacía y rota. Caí al suelo, sollozando, con el dolor físico superado por la traición. En mi desesperación, recordé las palabras de Doña Elena, la abuela de Alejandro, el día de mi boda: "Si este muchacho te hace daño, llámame. Yo arreglé esto y yo puedo deshacerlo." Con manos temblorosas, marqué el número que guardé por si acaso, una última esperanza. "Abuela", susurré, mi voz rota, "Soy yo, Sofía. Necesito su ayuda. Por favor."”
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