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Un Príncipe y Su Guardiana Rota

Capítulo 3 

Palabras:663    |    Actualizado en: 09/07/2025

mo un ladrillo a tr

leyendo y Ximena estaba, como siempr

ó corriendo, con el ro

norte! ¡Notic

pergamino al consejero,

nzó el consejero, con la voz

al caer sobre la piedra resonó

finitivo, como el de

te. La boda será en un mes. Es una a

a X

ida como u

nte tan firmes, tem

elo, en su espada caída, como s

o una

de la biblioteca, con pas

corazón martillán

te al patio de

ca, una pesada y sin filo, y come

otra

nica, no hab

ciega y des

era su enemigo, como si quis

o, sus nudillos sangraban por

de pura auto

sentir un dolor físico que pudiera opacar e

detente!",

ign

y me puse entre

tuvo a centímet

dos, llenos de una locura

de mi cam

N

te q

mejillas. "¡Si quieres morir, hazlo! ¡Pero no así! ¡No te

u pecho subiendo y bajando

entiend

o yo también lo estoy! ¡Tú eres todo lo que tengo! ¡Mis padres me abandonaron al mor

mi propia miseria

ser abandonado de n

nde sabía qu

"si me dejas... entonces no quedará nadie. Nadie en todo el mun

tembló e

rodó por su mejilla

e, bajó l

al suelo con

su cuerpo temblando por el

te, se d

por primera vez, la

ino un llanto silencioso y

frente a ella

ca, dura y fría, pero q

con la cabeza apoyada en mi homb

uicidó

en ella

oches, la

llo

queño patio de armas

ortando el aire, una y ot

l único idioma que le quedaba

tratando

do de olvidar

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Un Príncipe y Su Guardiana Rota
Un Príncipe y Su Guardiana Rota
“"Soy un príncipe huérfano, olvidado en un palacio que me ignoraba. Mi única compañía era la soledad, mi único consuelo, una mirada amable del Capitán Alonso. Siempre lo observé desde la sombra. Hasta que, un día, llegó Ximena, mi nueva guardiana, su armadura llena de cicatrices de batallas reales. Ella no irrumpió en mi vida, la desordenó, pero no para protegerme a mí. No, su mirada se fijaba en Alonso, con una intensidad que nunca me dedicaba a mí. Ella lo seguía por todas partes, arriesgando su vida en misiones peligrosas, solo para estar cerca de él. Una noche la encontré desangrándose, una herida que se ganó por él. "¿Por qué haces esto, Ximena? Eres mi guardiana. Si te matas, ¿quién me cuidará?" , le pregunté. Ella respondió con una tristeza profunda: "Nadie te cuidará, niño. Tienes que aprender a cuidarte solo" . Pero yo solo pude decir: "No. Yo te quiero a ti" . Justo cuando creí que empezábamos a entendernos, llegó la noticia que lo destrozaría todo. "El Capitán Alonso se va a casar. Con la Emperatriz del Norte." El sonido de la espada de Ximena al caer resonó en mi corazón, un ruido seco como el de un hueso rompiéndose. La vi en el patio, golpeando el poste de madera, una y otra vez, tratando de romper el dolor que la consumía. "¡Ximena, detente! ¡No te destruyas por un hombre que ni siquiera sabe que existes!" , le grité, interponiéndome. Con la voz quebrada, le supliqué: "¡Si te vas, me dejarás completamente solo! ¿Es eso lo que quieres, Ximena? ¿Abandonarme como todos los demás?" Su espada tembló, y por primera vez, la vi llorar de verdad. No, no la abandonaría a la desesperación. Aunque mis "accidentes" la exasperaran, la obligarían a vivir, a cuidarme. Y cuando decidió ir a la boda de Alonso para confrontarlo, yo sabía lo que debía hacer. No la detendría con un truco. La seguiría, porque si ella iba a caer, yo caería con ella. Porque era mi familia. Y a la familia no se le abandona."”
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