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Un Príncipe y Su Guardiana Rota

Capítulo 4 

Palabras:707    |    Actualizado en: 09/07/2025

buscar mision

en el camino de

orma más silenciosa y sut

a descu

comer dur

e que una vieja herid

castillo, demasiado cerca del borde,

ra una invitación al destino, una forma

e lo iba

quetear con la muerte, en

ejor en eso de p

vez fue e

do el agua, con esa expresión vacía que

do" cerca, persi

cé con una raíz y ca

dar, por

olpeó, entré en p

e había calculado mal, q

o de acero rodear mi pe

a orilla como a un s

piendo agu

sobre mí, empapada,

diota?",

balbuceé, tratando d

er congelado el mismo infierno y

trajo una sopa cali

sta que me la

había c

dentalmente" comí unas b

en mis libros, pero sí causaban unos có

éndome en el suelo, pálido y sudo

y corrió a la enf

sobreviviría, pero que ne

rtó de mi lado d

ber agua y me miraba con una mezcla de exasperación y u

dos los problemas posibles, ¿verdad,

estaba f

en mí, a cuidarme, a tener un pro

el bosque dura

" de un

queño incendio en la armería al

Ximena e

del lío, furiosa, ex

i

ente" con el caballo, la encont

ba entr

de piedra, abrazando sus

cansado, tan frágil

su lado e

re caballos, ni

senté

ato, ella habló, su v

e estás h

ón dio u

unté, tratando d

Crees que no me doy cuenta de que tus 'accidentes'

é en si

la cabeza

isa en sus labios, la pr

o manipulador

l mejor," l

o bufido, un sonido

olviendo su vista a la lun

una a

n per

ue necesitaba que

ros, vi que la mirada vacía habí

o, sí, pero también

tello

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Un Príncipe y Su Guardiana Rota
Un Príncipe y Su Guardiana Rota
“"Soy un príncipe huérfano, olvidado en un palacio que me ignoraba. Mi única compañía era la soledad, mi único consuelo, una mirada amable del Capitán Alonso. Siempre lo observé desde la sombra. Hasta que, un día, llegó Ximena, mi nueva guardiana, su armadura llena de cicatrices de batallas reales. Ella no irrumpió en mi vida, la desordenó, pero no para protegerme a mí. No, su mirada se fijaba en Alonso, con una intensidad que nunca me dedicaba a mí. Ella lo seguía por todas partes, arriesgando su vida en misiones peligrosas, solo para estar cerca de él. Una noche la encontré desangrándose, una herida que se ganó por él. "¿Por qué haces esto, Ximena? Eres mi guardiana. Si te matas, ¿quién me cuidará?" , le pregunté. Ella respondió con una tristeza profunda: "Nadie te cuidará, niño. Tienes que aprender a cuidarte solo" . Pero yo solo pude decir: "No. Yo te quiero a ti" . Justo cuando creí que empezábamos a entendernos, llegó la noticia que lo destrozaría todo. "El Capitán Alonso se va a casar. Con la Emperatriz del Norte." El sonido de la espada de Ximena al caer resonó en mi corazón, un ruido seco como el de un hueso rompiéndose. La vi en el patio, golpeando el poste de madera, una y otra vez, tratando de romper el dolor que la consumía. "¡Ximena, detente! ¡No te destruyas por un hombre que ni siquiera sabe que existes!" , le grité, interponiéndome. Con la voz quebrada, le supliqué: "¡Si te vas, me dejarás completamente solo! ¿Es eso lo que quieres, Ximena? ¿Abandonarme como todos los demás?" Su espada tembló, y por primera vez, la vi llorar de verdad. No, no la abandonaría a la desesperación. Aunque mis "accidentes" la exasperaran, la obligarían a vivir, a cuidarme. Y cuando decidió ir a la boda de Alonso para confrontarlo, yo sabía lo que debía hacer. No la detendría con un truco. La seguiría, porque si ella iba a caer, yo caería con ella. Porque era mi familia. Y a la familia no se le abandona."”
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