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Siete Años de Una Farsa

Capítulo 2 

Palabras:623    |    Actualizado en: 09/07/2025

io fallido. Las paredes de la sala principal estaban cubiertas de bocetos de murales prehispánicos y certificaciones de premios enmarcadas, to

das a la puerta, con su clásica camisa de lino blanca, impoluta como siempre. La luz de la lámpara acentuaba

trocedió la grabación unas horas. Allí estaba la prueba irrefutable, la cruda realidad de su traición. Vio cómo Ricardo, el hombre que se estremecía si e

pedazos, entró en el

ella, su voz a

ó, pero no

ó el estómago. Se paró a su lado, la desesperación ahogando cualquier rastro de or

en el aire, cargada de siete

íos, ahora la miraban con un desdén helado, como si fuera un insect

uero

enta fina para grabar en piedra, y se lo clavó con fuerza en la palma de la mano

ue el que él debía sentir en su mano. Corrió a su lado, el instinto de cuid

de él. Vio las pequeñas cicatrices blancas, las marcas de sus propios dientes. Eran las huellas de innumerables ataques de pánico, noches en las que ella lo

ridad. Él no la amaba, solo usaba su devoción como un escudo contra el mundo. La mujer del

llas. Lo había dado todo por él. Había aprendido a leer sus silencios, a anticipar sus crisis, a ser su voz y su

ar algo de los escombros, o quizás, solo para e

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Siete Años de Una Farsa
Siete Años de Una Farsa
“Era el séptimo aniversario de bodas y la tensión en el comedor de los Fuentes era palpable, Sofía, como siempre, sostenía una sonrisa forzada, mientras su esposo, Ricardo, un genio arqueólogo, permanecía ajeno, rígido y distante. Todo se vino abajo cuando, intentando mostrar fotos familiares, la pantalla grande del comedor proyectó, por error, la transmisión en vivo de la cámara de seguridad del estudio de Ricardo. Lo que vimos nos heló la sangre: gemidos ambiguos de dolor y placer, Ricardo aferrado a su escritorio, y una mujer, Elena Vargas, su supuesta "terapeuta", asistiéndole con una pericia explícita en su cuerpo. La humillación me quemaba la cara; él, que se estremecía con mi roce, ¿pagaba a otra para excitarse así? Sin decir una palabra, cancelé mi beca en Florencia, mi sueño de toda la vida, y con la voz extrañamente calmada, marqué el número de un abogado: "Buenas noches, hablo para solicitar una cita para iniciar un trámite de divorcio".”
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