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Siete Años de Una Farsa

Capítulo 1 

Palabras:803    |    Actualizado en: 09/07/2025

cionado durante siete largos años de matrimonio. Su esposo, Ricardo Fuentes, estaba sentado a su lado, rígido como una estatua, con la mirada fija en su plato intacto. Era un genio,

a, sus amistades, incluso su sueño de estudiar en Florencia. Una beca para un prestigioso programa de restauración de murales la esperaba, una oportunidad

desorbitados por el terror, se aferraba a ella como un náufrago a una tabla de salvación. Él se pegaba a su cuerpo, temblando, buscando el calor y la seguridad que solo ella parecía poder darle,

la voz de su suegra, una mujer con la mis

un poco cansado hoy, ha estado trabaja

istracción para desviar la atención de Ricardo. Pero sus dedos temblorosos hicieron clic en el archivo equivocado. En lugar

su escritorio de caoba, con las venas de las sienes marcadas y la respiración agitada. Su camisa de lino, siempre impecable, estaba arrugada. El audio llegó un

an con una pericia explícita sobre el cuerpo de Ricardo. La mujer era su "terapeuta", Elena Vargas, una supuesta historiadora del arte

perdió todo color, se sentía como si el suelo se hubiera abierto bajo sus pies. Con un movimiento torpe y rápido, apagó

n latiéndole con una fuerza dolorosa en el pecho. Abrió su laptop, fue a la página del programa de Florencia y, con una determinación que no sabía

ctos el número de un abogado que una amiga le había re

un trámite de divorcio", dijo con una voz que sonaba extrañ

eraba tan repulsiva que necesitaba pagarle a otra mujer para que lo tocara. Siete años de un matrimonio que había sido una mentira

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Siete Años de Una Farsa
Siete Años de Una Farsa
“Era el séptimo aniversario de bodas y la tensión en el comedor de los Fuentes era palpable, Sofía, como siempre, sostenía una sonrisa forzada, mientras su esposo, Ricardo, un genio arqueólogo, permanecía ajeno, rígido y distante. Todo se vino abajo cuando, intentando mostrar fotos familiares, la pantalla grande del comedor proyectó, por error, la transmisión en vivo de la cámara de seguridad del estudio de Ricardo. Lo que vimos nos heló la sangre: gemidos ambiguos de dolor y placer, Ricardo aferrado a su escritorio, y una mujer, Elena Vargas, su supuesta "terapeuta", asistiéndole con una pericia explícita en su cuerpo. La humillación me quemaba la cara; él, que se estremecía con mi roce, ¿pagaba a otra para excitarse así? Sin decir una palabra, cancelé mi beca en Florencia, mi sueño de toda la vida, y con la voz extrañamente calmada, marqué el número de un abogado: "Buenas noches, hablo para solicitar una cita para iniciar un trámite de divorcio".”
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