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Mi Venganza, Mi Destino

Capítulo 3 

Palabras:809    |    Actualizado en: 08/07/2025

e del sonido de mi propia desolación. Leo no volvió. No llamó a la puerta. No intentó hablar conmigo. Estaba abajo, con su ver

hé sus pasos en el pasillo. La puerta se abrió lentamente. Leo

un susurro. "Lamento mucho tod

ada en el borde de la cama

e ir. Ella... bueno, la situación es complicada. Solo te pido unos días, Sofía. Unos días para que pueda arregla

o había tenido un hijo con otra mujer, sino que ahora quería instalar a su amante y a su hijo bajo

en el umbral de la puerta, con Leíto dormido en sus brazos. Su

stoy cerca de su papá". Su mirada se deslizó hacia Leo, cargada de posesión. Luego me miró a mí, una sonrisa casi imperceptible jugando en sus labi

intarme como el obstáculo, la usurpadora. "Amor",

cirla. Simplemente miró al suelo, incapaz de enfr

desviaron hacia el niño dormido en sus brazos. Y entonces lo vi. Algo

n latía con fuerza, un presentimiento terrible apoderándose de mí. Era

andonó mis

a Leo el día que nos comprometimos, jus

le había dicho yo, "y siempre enc

ado que tendré jamás. Lo llevaré siempre conmigo, cerca de mi corazón, c

a. Otra me

tra mujer. La prueba tangible de que mi amor no solo había sido traicionado, sino

a helada. Levanté la vista, primer

ba cargada de una ira que nunca antes había

lar, pero no salió ningún sonido. La culpa estaba

ndió, su voz goteaba un

ectamente cuidadas. "Es un regalo muy especial. Leo me lo dio hac

ión. "Dijo que era para protegernos. Un símbolo de

e pánico. No estaba enojado con ella por mentir, sino por decir la ver

r, mi promesa, mi futuro... todo había sido una mentira. Y el hombre que yo

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Mi Venganza, Mi Destino
Mi Venganza, Mi Destino
“El aire del aeropuerto de la Ciudad de México vibraba con una electricidad que solo yo sentía. Después de tres años esperando a Leonardo, mi prometido y renombrado chef, el hombre que me robó el corazón, la pantalla parpadeó: "Aterrizado". Pero mi alivio se hizo pedazos cuando lo escuché susurrar al teléfono: "Todo va según el plan. Le pediré que nos casemos. Una vez que sea mi esposa, el dinero de los Romero será nuestro. Esto es por nuestro futuro, por el de Leíto. Necesito asegurar este matrimonio, ¿entiendes? Esta vieja fortuna es la clave." Leíto. Un hijo. ¿Su hijo? Mi cuerpo se paralizó al ver a una mujer llamarlo: "¡Leo!", con un niño de unos dos años, una copia de él. Él tartamudeó una excusa patética: "Ella es... Fernanda Díaz. Una colega. Su situación es complicada." Ella sonrió con burla: "¿Colega? Leo, cariño, no creo que esa sea la palabra adecuada." Entonces lo entendí, él había construido una familia a mis espaldas, usándome mientras tanto para asegurar un futuro lleno de lujos. Mi ira me dio la fuerza para susurrar: "Sube al coche, Leo. Hablaremos en casa." Pero la humillación no terminó ahí. Esa noche, Fernanda se presentó en mi habitación con el niño, quien usaba mi relicario, mi símbolo de amor, que Leo juró llevar por siempre. Ella sonrió: "Leo me lo dio hace más de dos años, cuando le dije que estaba embarazada de Leíto. Dijo que era un símbolo de su compromiso con nosotros, con su nueva familia." Leo, mi prometido, el hombre que me engañó, estaba criando un hijo con su amante, ¡y yo había sido la ciega que pagaba por su doble vida! Con una furia fría, decidí que esto no quedaría así. No huiría, contraatacaría. Marqué un número, el de Ricardo Alcántara, el magnate misterioso que una vez me propuso matrimonio. "Acepto", dije. "Diles que Sofía Romero está lista para su propuesta."”
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