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Mi Venganza, Mi Destino

Capítulo 2 

Palabras:1057    |    Actualizado en: 08/07/2025

pánico cruzó sus ojos antes de que su máscara de carisma volviera a

onar juguetón. "Que te amo, que te extrañé más que a nada e

pulsión. Su negativa a ser honesto, incluso cuando le di la oportunidad, fue el último clavo en el ataúd de lo que sentía por é

o larguísimo", continuó, frotándose la nuca. "Vá

oz monótona que no reconocí

o: "Estoy en la zona de llegadas. Coche gris. ¿Dónde estás?". Justo en ese momento

Le

estaba una mujer delgada y de aspecto astuto. Sostenía de la mano a un niño pequeño, un

eo se quedó paralizado, su rostro palideció visiblemente bajo el bronceado.

l nombre saliendo de sus

a sus ojos. "Leo, qué bueno que te encuentro. Leíto t

aire, atrayendo las miradas cu

o desesperado. "Sofía, mi amor, ella es... Fernanda Díaz. Una colega

sintiera que mi corazón se estaba partiendo en mil pedazos. Miré a Fern

o burlón. "Leo, cariño, no creo

de su madre, pero me miraba con una curiosidad infantil. Y en su rostro, vi a Leo. Vi la forma de su barbilla, la c

conversación que había escuchado por teléfono era real. El hijo era real. La otra vida de

observaban. La humillación pública era inminente. No podía permitirlo. No allí. No así. C

ados que bloqueaba el paso a Fernanda. Mi tono era tan carente de em

ezcla de alivio y con

", lo interrumpí. "

ana, viendo pasar la ciudad sin registrar nada. Leo no dejaba de lanzarme miradas suplican

star, desesperado por explicarse. "Sofía, tienes que escucharme. No es lo

nda entró en la sala, con Leíto en brazos. El

da, su voz era un almíbar venenoso. Ignoró mi presencia por completo, como

stro una máscara de angustia. Miró de ella

re imitación de hombre atrapado en su propia red de mentiras. Luego miré a Fernanda y al niño en sus brazos

arga se dibujó

sonaba extrañamente calmad

énfasis deliberado, viéndolo estrem

a. Tomó al niño en sus brazos. Leíto inmediatamente se acurrucó contra su pecho,

mi vida. Me di la vuelta y subí las escaleras, cada paso resonando en el silencio de la casa como un martillo golpeando mi cora

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Mi Venganza, Mi Destino
Mi Venganza, Mi Destino
“El aire del aeropuerto de la Ciudad de México vibraba con una electricidad que solo yo sentía. Después de tres años esperando a Leonardo, mi prometido y renombrado chef, el hombre que me robó el corazón, la pantalla parpadeó: "Aterrizado". Pero mi alivio se hizo pedazos cuando lo escuché susurrar al teléfono: "Todo va según el plan. Le pediré que nos casemos. Una vez que sea mi esposa, el dinero de los Romero será nuestro. Esto es por nuestro futuro, por el de Leíto. Necesito asegurar este matrimonio, ¿entiendes? Esta vieja fortuna es la clave." Leíto. Un hijo. ¿Su hijo? Mi cuerpo se paralizó al ver a una mujer llamarlo: "¡Leo!", con un niño de unos dos años, una copia de él. Él tartamudeó una excusa patética: "Ella es... Fernanda Díaz. Una colega. Su situación es complicada." Ella sonrió con burla: "¿Colega? Leo, cariño, no creo que esa sea la palabra adecuada." Entonces lo entendí, él había construido una familia a mis espaldas, usándome mientras tanto para asegurar un futuro lleno de lujos. Mi ira me dio la fuerza para susurrar: "Sube al coche, Leo. Hablaremos en casa." Pero la humillación no terminó ahí. Esa noche, Fernanda se presentó en mi habitación con el niño, quien usaba mi relicario, mi símbolo de amor, que Leo juró llevar por siempre. Ella sonrió: "Leo me lo dio hace más de dos años, cuando le dije que estaba embarazada de Leíto. Dijo que era un símbolo de su compromiso con nosotros, con su nueva familia." Leo, mi prometido, el hombre que me engañó, estaba criando un hijo con su amante, ¡y yo había sido la ciega que pagaba por su doble vida! Con una furia fría, decidí que esto no quedaría así. No huiría, contraatacaría. Marqué un número, el de Ricardo Alcántara, el magnate misterioso que una vez me propuso matrimonio. "Acepto", dije. "Diles que Sofía Romero está lista para su propuesta."”
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