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Mi Venganza, Mi Destino

Capítulo 1 

Palabras:1347    |    Actualizado en: 08/07/2025

impaciencia de cientos de reencuentros. Llevaba tres años esperando este exacto momento. Tres años, setenta y dos meses, mil noventa y cinco días. Había contado cada uno de e

sonaba a él. Mientras esperaba, apretaba entre mis manos el pequeño estuche de terciopelo que contenía las argollas de matrimonio que h

e nuestra vida juntos. Yo, Sofía Romero, heredera de una de las fortunas más discretas pero sólidas del país, no quería nada más que ser la esposa de Leo. Mi familia había aceptado nuestra relación, cautivada

lisando mi vestido, mis manos temblaban ligeramente. La gente comenzó a agolparse en la salida de pasajeros. Busqué su rostro entre la

onces

do a un lado, de espaldas a la salida, con el teléfono pegado a la oreja. Su voz, aunque baja, era tensa y urgente. Me detuve, o

una mezcla de cansancio e irritación. "No, no pued

ga de viento helado. No conocía a ninguna F

r. "Todo va según el plan. Le pediré que nos casemos de inmediato

anta. El aire del aeropuerto de re

mi campeón? Dile a mi hijo que su papá volverá pronto con todo lo que necesitan.

a convertirse en un grito silencioso. El estuche de terciopelo se me resbaló de los dedos y cayó al suelo con

ños. Todo era una farsa. La misión, las llamadas, las promesas. T

Sentí que mis rodillas se doblaban. Me apoyé en la columna fría, el mármol era lo único que me mantenía en pie. El dolor era tan físico, tan agudo, qu

rable que Leo nunca pudiera cruzarla. Recordé los susurros y rumores que circulaban en los círculos de mi familia, historias sobre un misterioso magnate local, Ricardo Alcántara. Un hombre inmensamente poderoso, solitario, del que se decía que estaba confinado

aña. Parecía una salida. Un escape. Aceptaría. Me casaría con un extraño,

qué el número de mi hermano, Mateo. Cuando c

sa? ¿Estás bien?

rar, un llanto desgarrador que transmitía

tás asustando". Su voz

e sollozos. "Ven... por favo

con Leo? ¿D

o verlo. Por fa

te muevas. Llego

rtable. Recordé la noche en que Leo me propuso matrimonio, justo antes de su "viaje". Estábamos en nuestro restaurante favorito, él se arrodilló con un anillo sencil

estaba manchada, podrida hasta la médula. Yo, la ingenua Sofía Romero, había sido el

voz, ahora alegre y des

i amor! ¡Aq

La misma sonrisa que me había enamorado. La misma sonrisa que ahora me causaba náuseas. Me puse de pie, l

sa que se sentía como una mueca

anto, mi vida. No tienes idea". Sujetó mi cara entre sus manos, su mirada llena de

u cercanía, su olor, todo lo que antes amaba ahora era un recordatorio de

ya sabía la verdad. Me aparté un poco, lo miré directamente a los ojos, esos ojos que me habían men

, pero cortó el aire entre nosotros

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Mi Venganza, Mi Destino
Mi Venganza, Mi Destino
“El aire del aeropuerto de la Ciudad de México vibraba con una electricidad que solo yo sentía. Después de tres años esperando a Leonardo, mi prometido y renombrado chef, el hombre que me robó el corazón, la pantalla parpadeó: "Aterrizado". Pero mi alivio se hizo pedazos cuando lo escuché susurrar al teléfono: "Todo va según el plan. Le pediré que nos casemos. Una vez que sea mi esposa, el dinero de los Romero será nuestro. Esto es por nuestro futuro, por el de Leíto. Necesito asegurar este matrimonio, ¿entiendes? Esta vieja fortuna es la clave." Leíto. Un hijo. ¿Su hijo? Mi cuerpo se paralizó al ver a una mujer llamarlo: "¡Leo!", con un niño de unos dos años, una copia de él. Él tartamudeó una excusa patética: "Ella es... Fernanda Díaz. Una colega. Su situación es complicada." Ella sonrió con burla: "¿Colega? Leo, cariño, no creo que esa sea la palabra adecuada." Entonces lo entendí, él había construido una familia a mis espaldas, usándome mientras tanto para asegurar un futuro lleno de lujos. Mi ira me dio la fuerza para susurrar: "Sube al coche, Leo. Hablaremos en casa." Pero la humillación no terminó ahí. Esa noche, Fernanda se presentó en mi habitación con el niño, quien usaba mi relicario, mi símbolo de amor, que Leo juró llevar por siempre. Ella sonrió: "Leo me lo dio hace más de dos años, cuando le dije que estaba embarazada de Leíto. Dijo que era un símbolo de su compromiso con nosotros, con su nueva familia." Leo, mi prometido, el hombre que me engañó, estaba criando un hijo con su amante, ¡y yo había sido la ciega que pagaba por su doble vida! Con una furia fría, decidí que esto no quedaría así. No huiría, contraatacaría. Marqué un número, el de Ricardo Alcántara, el magnate misterioso que una vez me propuso matrimonio. "Acepto", dije. "Diles que Sofía Romero está lista para su propuesta."”
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