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Familia Rota: El Reencuentro de Almas

Capítulo 1 

Palabras:922    |    Actualizado en: 08/07/2025

itad, el sonido fue seco y definitivo, un ruido que par

n tanta pasión, ahora sostenían los pedazos de nuestro futuro. Su rostro, que antes me parecía el más apues

sonaba como la música de mariach

e casaré co

e la oficina del registro civil. Era un frío que venía de adentro,

sada, ese poz

primer hijo, un niño con sus mismos ojos negros, lo calló con una almohada porque su llanto lo irritaba. A nuestra segunda hij

lo suficiente para que no muriera, lo suficiente para que mi tormento se alargar

e decía. "Por tu

antes de conocerme, le había quitado su virginidad. En su mundo, una mujer sin honor y sin nadie que la desposara, no valía nada.

yó. Morí en ese pozo, sola, loca

nces,

l acta, a este mismo registro civil. Una segunda oportunidad.

o é

como si estuviera ofreciéndome un trato razonable. "De todos modos, t

contrarme si yo no quisiera ser encontrada.

s un vínculo, una marca que me conecta con los ancianos de mi comunidad. Es un faro. Si estoy en peligro, o si me alejo demasiado, el "Mal

espiritual. Me mordía los labios hasta sangrar para no gritar, me clavaba las uñas en las palmas para

tont

para calmar su conciencia, para remediar su arrepentimiento. Y después, volvería po

ar. Él esperaba lágrimas, súpl

y mi voz sonó tranquil

una palmadita en el hombro

chitl. Eres una buena mujer. E

dejándome sola con los pe

ojos. El dolor punzante en mi sien, que había estado conteniendo con t

sol

orrió el cráneo. Pero esta vez, no era un dolor de sufrimiento. Era un

o tardarían

imo, mi gente estaría

líder de nuestra comunidad, el hombre que el destino habí

a un amanecer ni un anochecer c

ca

l viejo y a promesas rotas. Me quedé allí, quieta, sintiendo el latid

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Familia Rota: El Reencuentro de Almas
Familia Rota: El Reencuentro de Almas
“El papel del acta de matrimonio se rasgó, un sonido seco que partió mi nueva vida antes de empezar. Lo miré, a él, el mariachi por quien lo dejé todo, sosteniendo los pedazos de nuestro futuro. "Primero me casaré con mi prima," dijo, su voz ya sin la música que me enamoró, solo excusas. Un frío glacial me invadió, un recuerdo escalofriante de otra vida, de un pozo seco. Allí, él me encerró después de matarnos a nuestros tres hijos, uno a uno, sofocándolos. Me condenó a esa oscuridad, alimentándome lo justo para prolongar mi tormento, culpándome por la muerte de su prima. Ella se quitó la vida, deshonrada por él, y en su retorcida mente, la culpa era mía, por casarme con él, por no salvarla. Morí en ese pozo, loca de dolor por mis hijos perdidos, y allí, renací. Volvimos a este registro civil, una segunda oportunidad que él quiso usar para enmendar sus pecados. "Después de siete días, me divorciaré y me casaré contigo," me propuso, como si fuera un trato razonable. Siete días. Era el tiempo que tardaría mi gente en encontrarme, el tiempo de mi martirio pasado lejos de mi comunidad y de mi "Mal de Ojo" . Lo miré fijamente, sin lágrimas, con una sonrisa vacía. "Está bien," le dije, mi voz extrañamente tranquila. Se fue, dejándome sola con los pedazos de papel. Solté el dolor punzante en mi sien, la señal más potente que jamás emití, una promesa de libertad. Sabía que en tres días, máximo, mi gente llegaría por mí, mi Cuauhtémoc, mi destino. Pero él, subestimándome, me secuestró, me encarceló en la casa de mis peores recuerdos. Entonces, los vi. La fiesta. Su boda en el jardín. Ella, su prima, vestida de blanco, me sonrió con malicia a través de la ventana. Ella también recordaba. No era una víctima; era mi enemiga. La rabia me consumió, y escapé de esa jaula. Él me arrastró de vuelta, su traje de charro convertido en un disfraz ridículo. "¿No puedes aguantar siete malditos días?" siseó. "¡No voy a esperar nada de ti! ¡Ustedes dos me engañaron!" le grité. Me arrojó a la habitación, encerrándome. Mi humillación era absoluta. Y entonces, sentí la vibración. No en mi cabeza. En el suelo. Los vi. Al final de la calle. Cuauhtémoc y los hombres de mi pueblo, silenciosos, imponentes. Mi gente había llegado. Mi rescate estaba aquí.”
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