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La Venganza De Mamá

Capítulo 1 

Palabras:928    |    Actualizado en: 08/07/2025

ompió la tranqui

as yo estaba en la cocina. Escuché el crujido de la madera vieja y mi corazón se detuvo.

te. No tuve tiempo de calcular, solo de actuar. E

uelo de concreto. Sentí un dolor agudo y cegador en mi brazo y

ro ileso, empezó a l

riendo de la casa, no hac

mi amor! ¿

ue no tenía ni un rasguño, su alivio se transformó

suelo, tratando de respirar a través del dolor. "¡Casi matas

No me preguntaba si yo estaba bien, no veía mi brazo torcido en un ángulo ext

reció detrás de ella,

todo este

respondió Lucía, acunando a Pedrito com

e causando problemas. Vamos, Lucía, ll

mi corazón era mucho peor. Cinco años. Llevaba cinco años viviendo con ellos, desde que mi esposo fallec

y noche para que ellos pudieran salir a divertirse. No recibía un gracias, solo quejas. Si la comida estaba fría,

l doctor confirmó que tenía el brazo roto en dos partes y tres costillas fra

to?" escuché decir a Miguel.

ondió Lucía sin dudar. "Para eso

amable se acercó a mí.

débil

o en voz baja, con una mirada de compasión. Su pequeña intervención fue un

a habitación, Lucía tenía una

dados especiales. Miguel y yo no podemos con eso aho

u hija quiere decir es que esto nos va a costar una

era vez vi la verdader

ue me revolvió el estómago. "Si nos la pones a nuestro nombre, podemos usarla como garantía para un pr

s importaba mi dolor, mi sacrificio. Solo veían una oportunidad

equeña casa, mi jardín, mis amigas. Todo lo que dejé por ellos, por el amor a

i mente. El dolor físico se desvaneció,

ja y a su esposo, dos extra

e débil, sonó más firme que n

ndida. "¿Cómo que no?

barbilla. "Esa casa es mía. Y mi din

goísta rostro. "¡Eres una vieja egoísta! Después

arga escapó de mis labios. "¿Explotarme? ¿Usa

rimera vez en mucho tiempo, no sentí miedo. Sen

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La Venganza De Mamá
La Venganza De Mamá
“Un grito agudo. Mi nieto Pedrito, de solo cinco años, cayó del balcón. Sin pensarlo, me abalancé para atraparlo, protegiéndolo con mi cuerpo. El dolor fue cegador: brazo roto, costillas fracturadas. Pero mi hija Lucía solo corrió hacia él, gritándome: "¡Casi matas a mi hijo! ¡Eres una inútil!" Mi yerno Miguel reforzó su desprecio: "Siempre causando problemas." Tirada en el suelo, me di cuenta: ¿cinco años sirviéndoles, dándoles mi dinero, y así me pagan? No me preguntaron si estaba bien, solo vieron una carga. Escuché a Miguel decir en el hospital: "¿Quién va a pagar esto? No tenemos seguro para ella." Lucía sugirió: "Que use sus ahorros. Para eso los tiene, ¿no? Para emergencias." Luego, planearon la estocada final: querían la casa de mis padres, mi único patrimonio. "Si nos la pones a nuestro nombre, podemos usarla como garantía para un préstamo." ¿Mi casa, mi futuro, a cambio de mi propia atención? Recordé mi vida antes, mi paz, mi libertad. ¿Todo fue una mentira? Una claridad fría me invadió. Los miré a la cara. "No," dije, mi voz más firme que nunca. "¿Cómo que no? Mamá, es por tu bien," replicó Lucía, atónita. "Dije que no," repetí, mi barbilla en alto. "Esa casa es mía. Y mi dinero es mío. No les voy a dar nada más." Su máscara se cayó, revelando el desprecio absoluto. "¡Eres una vieja egoísta!" "¿Qué hacen por mí? ¿Explotarme? ¿Usarme como su criada?" "Se acabó, Lucía. Se acabó." La furia en sus ojos era aterradora, pero por primera vez en mucho tiempo, no sentí miedo. Sentí que despertaba de una larga pesadilla.”
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