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La Abogada Traicionada: Renace Fénix

Capítulo 3 

Palabras:499    |    Actualizado en: 08/07/2025

uché a Ricardo llegar. Entró directamente a su estudio, que estaba al lado del

odían escuchar conversaciones. Escuché el murmulullo de su voz, bajo y apresurad

marme así, Valeri

a la mujer al otro lado de la

prometí... No, no puedo

Su voz se volvió un susurro tens

De tocarte... Sí, justo como anoche.

bre luchando contra su propio cuerpo. Me sentí sucia solo por escuch

Te llamo más tarde.

oda presión. El ruido del agua fría salpicando con fuerza. Me lo imaginé allí, con la cara bajo el

no había lágrimas. Solo una claridad cortante. Cada palabra que había escuchad

estudio se abrió. Salió con el pelo li

aludé antes, una llamada urgente de

antar la vista de mis papeles. M

", preguntó,

os laboratorios farmacé

Quizás pued

mirar los documentos. Su cercaní

lo", dije, un poco más cor

echazo. Su rostro mostró una sombra de

a pensando... ¿y si esta noche pedi

mpartir una comida con él me revolvía e

ba observando cada uno de sus movimientos, cada una de sus mentiras, archivándolas en mi m

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La Abogada Traicionada: Renace Fénix
La Abogada Traicionada: Renace Fénix
“La noche en que Ricardo Méndez ganó el premio al "Abogado del Año", nuestra casa en Polanco era el epicentro del glamour de la Ciudad de México. Todo parecía perfecto. Pero entre el tintineo de copas y las risas vacías, unas palabras casuales destrozaron mi mundo: mi esposo, el brillante Ricardo, tenía una amante, una joven becaria llamada Valeria. El shock inicial se convirtió en una fría certeza. Miré su sonrisa, sentí el peso de su brazo y entendí que mi papel era el de la esposa engañada y tonta. Cada detalle, sus "viajes de negocios", sus llamadas misteriosas; todo encajó con una precisión horrible. La burla de Valeria, el video explícito, el olor de su perfume en la ropa de mi esposo, e incluso las pastillas que él secretamente puso en mi té. La humillación pública y la traición me quemaron hasta los huesos, pero una determinación feroz se encendió en mí. La abogada que soy, que él mismo forjó, despertó con sed de justicia. El divorcio ya no era suficiente; Ricardo Méndez iba a enfrentar el caso de su vida, y yo, Sofía Ramos, me aseguraría de que lo perdiera todo. Contraté a un especialista en seguridad digital, envié mi primer mensaje: "Necesito tus servicios. Discreción. Ricardo Méndez". Mientras él dormía, ajeno a mi tormenta, yo planeaba la estrategia decisiva.”
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