La Abogada Traicionada: Renace Fénix

La Abogada Traicionada: Renace Fénix

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Capítulo

La noche en que Ricardo Méndez ganó el premio al "Abogado del Año", nuestra casa en Polanco era el epicentro del glamour de la Ciudad de México. Todo parecía perfecto. Pero entre el tintineo de copas y las risas vacías, unas palabras casuales destrozaron mi mundo: mi esposo, el brillante Ricardo, tenía una amante, una joven becaria llamada Valeria. El shock inicial se convirtió en una fría certeza. Miré su sonrisa, sentí el peso de su brazo y entendí que mi papel era el de la esposa engañada y tonta. Cada detalle, sus "viajes de negocios", sus llamadas misteriosas; todo encajó con una precisión horrible. La burla de Valeria, el video explícito, el olor de su perfume en la ropa de mi esposo, e incluso las pastillas que él secretamente puso en mi té. La humillación pública y la traición me quemaron hasta los huesos, pero una determinación feroz se encendió en mí. La abogada que soy, que él mismo forjó, despertó con sed de justicia. El divorcio ya no era suficiente; Ricardo Méndez iba a enfrentar el caso de su vida, y yo, Sofía Ramos, me aseguraría de que lo perdiera todo. Contraté a un especialista en seguridad digital, envié mi primer mensaje: "Necesito tus servicios. Discreción. Ricardo Méndez". Mientras él dormía, ajeno a mi tormenta, yo planeaba la estrategia decisiva.

Introducción

La noche en que Ricardo Méndez ganó el premio al "Abogado del Año", nuestra casa en Polanco era el epicentro del glamour de la Ciudad de México. Todo parecía perfecto.

Pero entre el tintineo de copas y las risas vacías, unas palabras casuales destrozaron mi mundo: mi esposo, el brillante Ricardo, tenía una amante, una joven becaria llamada Valeria.

El shock inicial se convirtió en una fría certeza. Miré su sonrisa, sentí el peso de su brazo y entendí que mi papel era el de la esposa engañada y tonta.

Cada detalle, sus "viajes de negocios", sus llamadas misteriosas; todo encajó con una precisión horrible.

La burla de Valeria, el video explícito, el olor de su perfume en la ropa de mi esposo, e incluso las pastillas que él secretamente puso en mi té.

La humillación pública y la traición me quemaron hasta los huesos, pero una determinación feroz se encendió en mí. La abogada que soy, que él mismo forjó, despertó con sed de justicia.

El divorcio ya no era suficiente; Ricardo Méndez iba a enfrentar el caso de su vida, y yo, Sofía Ramos, me aseguraría de que lo perdiera todo.

Contraté a un especialista en seguridad digital, envié mi primer mensaje: "Necesito tus servicios. Discreción. Ricardo Méndez".

Mientras él dormía, ajeno a mi tormenta, yo planeaba la estrategia decisiva.

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Romance

5.0

Mientras me desangraba sola en la fría mesa de operaciones tras un fallo orgánico, la enfermera llamó a mi esposo temblando. Era nuestro aniversario, pero él no estaba ahí. Desde el altavoz, escuché la risa cristalina de su amante, Serafín. "Deja de llamar, Celaje. Das pena fingiendo una emergencia médica en nuestro día especial". Esperé que él la callara, que se preocupara, pero la voz de Baluarte sonó gélida y aburrida. "Cuelga. Si se muere, llama a la funeraria. Tengo una reunión por la mañana". La línea murió, y un segundo después, yo también. Morí ahogada en el arrepentimiento, odiándome por haber sido la esposa sumisa que dejó que su apellido se pudriera mientras él me pisoteaba. Pero la oscuridad no duró. De golpe, el aire volvió a mis pulmones violentamente. Abrí los ojos y estaba en mi cama, el calendario marcaba la fecha de hace cinco años. La criada entró con un vestido blanco y sin forma, ordenado por Baluarte para hacerme lucir "modesta" e invisible en la gala de esta noche, para que su amante brillara. Miré la tela que parecía una mortaja y la rasgué en pedazos frente a la criada aterrorizada. Esa noche, no me puse el blanco. Me puse un vestido rojo sangre, de espalda descubierta, y caminé directo hacia el hombre más peligroso de la ciudad, Cardo, el paria de la familia. Mientras Baluarte me miraba horrorizado, levanté mi paleta en la subasta y gasté 500 millones de dólares en un terreno que todos llamaban basura. Le sonreí a mi esposo, quien estaba al borde del infarto. "El funeral ha terminado, Baluarte. Larga vida a la Vidente".

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