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De Nieta a Abuela

Capítulo 2 

Palabras:907    |    Actualizado en: 04/07/2025

oco por la mañana y necesitaba mis lentes para leer el periódico. Pero lo más difícil era acostumbrarme a la forma en que todos me

pre complaciendo a Ricardo, siempre asegurándose de que todo estuviera perfecto para él, con una sonrisa triste que nunca llegaba a sus ojos. Mi corazón se encogía al verla. Recordé cómo Doña Elena siempre

l desayuno, tomé su mano. Mis manos arr

tar la de mi abuela, pero con una calidez que Doña

os se abrieron de par en par. Estaba acostumbrada

á Elena. Solo un

miendo. Eres una mujer inteligente, una contadora brillante. No

mas. No de tristeza, sino de confusión

a, ¿se sien

tando su mano. "Y quiero que tú también te sien

uriosidad y desconcierto. El cambio en "Doña Elena" era evidente. Dejé de criticarla por pequeñeces y empecé a preguntarle por sus

in de semana. Ricardo anunció

importante, mamá. Se llama Bl

". Sentí el impulso de gritarle, de exponerlo ahí mismo, pero me

rubia, con un vestido caro y una sonrisa que no llegaba a sus ojos. Detrás de el

rla" , dijo Blanca, extendiendo

mé mi tiempo, dejando que la incomodidad creciera

, por

ablé, mi voz

res la 'socia

pitió ella, su sonris

i la vuelta y me dirigí al pequeño Em

debe ser

l es Em

otestando. Miré al niño a los ojos. Vi la misma arr

con un tono que no dejaba lugar a d

favor. Me halagaba, elogiaba la casa, la comida que Carmen había preparado con tanto esmero

lanca. ¿Est

omba en la mesa. Ricardo ca

era" , respondió ella, for

r a un hijo sola, mientras traba

o no le estaba comprando su actuación. Ricardo intentaba cambiar de tema, visiblemente incómodo. Carmen, por su parte, me miraba con una nu

status y el dinero de Ricardo. Pensaba que ganándose a la matriarca, tendría el camino libre.

aba, y yo ya estaba di

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De Nieta a Abuela
De Nieta a Abuela
“El olor a antiséptico, el pitido constante y las voces distorsionadas confirmaban lo inevitable: estaba muriendo. "La presión de Sofía es inestable, doctor. Podríamos perderla." Mientras mi vida se desvanecía, escuché las voces de mis padres, una quebrada por el dolor, la otra, fría y distante, revelando la fractura de mi familia. "Ricardo, por favor, tienes que hacer algo. ¡Es nuestra hija!" En la oscuridad, mi mente regresó a la última imagen: mi padre presentaba a su amante, Blanca, y a su hijo ilegítimo, Emilio, en casa de mis abuelos. La humillación de mi madre era palpable. Mi furia descontrolada, mis gritos a mi padre, y la sonrisa cínica de Blanca, que osó llamarme la atención; todo culminó en un caos que dejó a mi abuela al borde del desmayo y a mi madre llorando en silencio. "Vámonos, hija. Aquí no tenemos nada que hacer." me arrastró mi madre, sus manos temblaban al volante mientras las lágrimas corrían por su rostro. Le supliqué que se divorciara, que reconstruyera su vida. Pero ella, una contadora brillante, se había convertido en una sombra, atrapada por su propia debilidad. Entonces, las luces cegadoras... el golpe brutal... la oscuridad. El último pensamiento: tenía que proteger a mi madre. Después, escuché una voz susurrante en el hospital: "El accidente... no fue una coincidencia... un testigo vio a una mujer rubia... se parecía mucho a... Blanca." La rabia me quemó por dentro, una furia tan intensa que me arrancó de la neblina, provocando una convulsión. Hasta que, de repente, abrí los ojos. No estaba en el hospital, sino en la habitación de mi abuela Elena. Mis manos estaban arrugadas, mi reflejo en el espejo era el suyo. ¡Era mi abuela! ¿Estaba muerta? No, peor. El calendario marcaba tres meses antes del desastre. Había vuelto en el tiempo. El pánico inicial se disipó, reemplazado por una calma gélida. Esto no era una maldición, era la oportunidad perfecta. Una sonrisa que nunca había visto en el rostro de mi abuela se dibujó en mis labios. Blanca. Ricardo. Pagarían por cada lágrima de mi madre, por cada pedazo de mi agonía. Con el cuerpo de Doña Elena, la matriarca temida, yo, Sofía, tenía el poder. El juego había cambiado. Ahora, yo ponía las reglas.”
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