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De Nieta a Abuela

Capítulo 1 

Palabras:1098    |    Actualizado en: 04/07/2025

el pitido constante de una máquina a mi lado. No podía moverme, no podía abrir los ojos

es inestable, doctor

rilador. No podemos

as. Pero luego escuché otras, las que me partier

que hacer algo. Es nuestra

to. Un llanto que yo conocía muy bien, el mismo que había esc

tán haciendo lo que pueden. Hacer

cardo. El hombre que mi madre amaba, el hombre qu

con mi madre. El ambiente era tenso, el silencio cortaba el aire. Íbamos de regreso de la casa

ino que traía de la mano a su hijo, Emilio, un niño de cinco años que era la viva imagen de mi padre. Lo pre

ostro perdió todo el color. Yo me levanté,

a mujer aquí? ¿A la casa de mis

ó. Sus ojos solo estaban puestos en Blanca

Blanca, con una sonrisa cínica, atreviéndos

eres nadie para d

ter fuerte y tradicional, casi se desmaya del disgusto. Mi abuelo tuvo qu

e me tomó del brazo

Aquí no tenemos

el volante y las lágrimas no dejaban de correr por sus mejillas. Yo mi

de él. No puedes seguir aguan

iene todo el poder, todo el di

na contadora brillante, pu

era la mujer en la que mi padre la había convertid

velocidad por el carril contrario. Un coche negro, grande, invadió nuest

ose, el cristal rompiéndose en mil pedazos. Sentí un

fue para mi madre. Tenía que so

de mi tío, el hermano de mi madre. "La policía dice que el conductor del otro coche huyó. Pero un testigo v

a tan intensa que me sacó momentáneamente de la neblina. Blanca. Ella no solo quer

do una convuls

arrancándome de mi propio cuerpo. La oscuridad se volvió

uela en su casa. El sol entraba por la ventana, iluminando los muebles antiguos y las fotos de

de la edad. No eran mis manos. Me levanté con d

a, la joven universitaria de veinte años. Era mi abuela, Doña Elena. La misma ca

to un sueño? Toqué mi cara. La piel era fláci

la sangre. Estaba tres meses en el pasado. Tres meses antes de

smigrado. Había vu

ladora. Esto no era una maldición. Era una oportunidad. Una oportunida

a ven

ujó en mis labios. Blanca. Ricardo. Iban a pagar por cada lágrima

nía el poder que nunca tuve como Sofía. Y pensaba usarlo. Iba a desenmascarar

biado. Y ahora, yo

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De Nieta a Abuela
De Nieta a Abuela
“El olor a antiséptico, el pitido constante y las voces distorsionadas confirmaban lo inevitable: estaba muriendo. "La presión de Sofía es inestable, doctor. Podríamos perderla." Mientras mi vida se desvanecía, escuché las voces de mis padres, una quebrada por el dolor, la otra, fría y distante, revelando la fractura de mi familia. "Ricardo, por favor, tienes que hacer algo. ¡Es nuestra hija!" En la oscuridad, mi mente regresó a la última imagen: mi padre presentaba a su amante, Blanca, y a su hijo ilegítimo, Emilio, en casa de mis abuelos. La humillación de mi madre era palpable. Mi furia descontrolada, mis gritos a mi padre, y la sonrisa cínica de Blanca, que osó llamarme la atención; todo culminó en un caos que dejó a mi abuela al borde del desmayo y a mi madre llorando en silencio. "Vámonos, hija. Aquí no tenemos nada que hacer." me arrastró mi madre, sus manos temblaban al volante mientras las lágrimas corrían por su rostro. Le supliqué que se divorciara, que reconstruyera su vida. Pero ella, una contadora brillante, se había convertido en una sombra, atrapada por su propia debilidad. Entonces, las luces cegadoras... el golpe brutal... la oscuridad. El último pensamiento: tenía que proteger a mi madre. Después, escuché una voz susurrante en el hospital: "El accidente... no fue una coincidencia... un testigo vio a una mujer rubia... se parecía mucho a... Blanca." La rabia me quemó por dentro, una furia tan intensa que me arrancó de la neblina, provocando una convulsión. Hasta que, de repente, abrí los ojos. No estaba en el hospital, sino en la habitación de mi abuela Elena. Mis manos estaban arrugadas, mi reflejo en el espejo era el suyo. ¡Era mi abuela! ¿Estaba muerta? No, peor. El calendario marcaba tres meses antes del desastre. Había vuelto en el tiempo. El pánico inicial se disipó, reemplazado por una calma gélida. Esto no era una maldición, era la oportunidad perfecta. Una sonrisa que nunca había visto en el rostro de mi abuela se dibujó en mis labios. Blanca. Ricardo. Pagarían por cada lágrima de mi madre, por cada pedazo de mi agonía. Con el cuerpo de Doña Elena, la matriarca temida, yo, Sofía, tenía el poder. El juego había cambiado. Ahora, yo ponía las reglas.”
1 Introducción2 Capítulo 13 Capítulo 24 Capítulo 35 Capítulo 46 Capítulo 57 Capítulo 68 Capítulo 79 Capítulo 810 Capítulo 911 Capítulo 10