icon 0
icon Recargar
rightIcon
icon Historia
rightIcon
icon Salir
rightIcon
icon Instalar APP
rightIcon

De Nieta a Abuela

Capítulo 3 

Palabras:961    |    Actualizado en: 04/07/2025

en la espalda y las piernas, declarando que necesitaba cuidados constantes. Ricardo, p

la mejor enfermera

hacha, Blanca... Parece una mujer fuerte y servicial. Dijo que haría cualquier

, pero ¿cómo podía negarse sin revelar la ve

la es una socia

rar tiempo para la madre de su jefe.

en mi puerta, con una sonrisa forzada y ropa mucho más modesta. Su hijo, Emilio, ve

lo que necesite" , dijo, con u

e polvo. A mi edad, el polvo me hace toser. Anda, límpialo. Y no uses

ló, con su falda de diseñador barata, y empezó a limpiar el suelo con una lentitud exasperant

toritaria. "Apaga ese aparato infer

leto. Blanca, desde el su

o, baja el volu

ás. Una pequeña sonrisa de desafío se dibujó en sus labios

"Si tu hijo no te obedece

dignada. "Usted no v

hacia el niño, me paré frente a él y le quité la ta

"le diré a Ricardo que rompiste a propósito mi jarrón

se quedó callado. Me miró con una mezcla de

nía un vaso de agua. Con un movimiento supuestamente torpe de mi mano tembloro

vaso! ¡Emilio, mira

z aguda y temblorosa. Emili

fui! ¡Fue

o. "¡Mamá Elena, fue un a

chacha? ¡Este niño malcriado ha ro

s gritos. Vio el desorden: yo, temblando; Emilio, llor

quí? ¡Mamá, e

sta mujer ha roto mi vaso! ¡Es u

ad, papá! ¡Fu

l, la imagen pública lo era todo. Un hijo que le falta

pate con tu abuel

o no hice

rza y le dio una nalgada. Fue un golpe seco, humillante. Emilio grit

e pegues! ¡Él no

lar a tu propio hijo! ¡Mira el escán

ine, cambiando mi papel al d

s al niño. Es solo un vaso. No tie

puse una mano en la cab

tó. No te preocupes, la a

la imagen de su madre "perdonando" al niño que la había o

a, te quedarás aquí cuidando a mi madre día y noche hasta que yo diga

ue la había atrapado. Sabía que yo había orquestado

s de rabia, mientras yo la observaba desde mi sillón, con una leve sonrisa de s

Obtenga su bonus en la App

Abrir
De Nieta a Abuela
De Nieta a Abuela
“El olor a antiséptico, el pitido constante y las voces distorsionadas confirmaban lo inevitable: estaba muriendo. "La presión de Sofía es inestable, doctor. Podríamos perderla." Mientras mi vida se desvanecía, escuché las voces de mis padres, una quebrada por el dolor, la otra, fría y distante, revelando la fractura de mi familia. "Ricardo, por favor, tienes que hacer algo. ¡Es nuestra hija!" En la oscuridad, mi mente regresó a la última imagen: mi padre presentaba a su amante, Blanca, y a su hijo ilegítimo, Emilio, en casa de mis abuelos. La humillación de mi madre era palpable. Mi furia descontrolada, mis gritos a mi padre, y la sonrisa cínica de Blanca, que osó llamarme la atención; todo culminó en un caos que dejó a mi abuela al borde del desmayo y a mi madre llorando en silencio. "Vámonos, hija. Aquí no tenemos nada que hacer." me arrastró mi madre, sus manos temblaban al volante mientras las lágrimas corrían por su rostro. Le supliqué que se divorciara, que reconstruyera su vida. Pero ella, una contadora brillante, se había convertido en una sombra, atrapada por su propia debilidad. Entonces, las luces cegadoras... el golpe brutal... la oscuridad. El último pensamiento: tenía que proteger a mi madre. Después, escuché una voz susurrante en el hospital: "El accidente... no fue una coincidencia... un testigo vio a una mujer rubia... se parecía mucho a... Blanca." La rabia me quemó por dentro, una furia tan intensa que me arrancó de la neblina, provocando una convulsión. Hasta que, de repente, abrí los ojos. No estaba en el hospital, sino en la habitación de mi abuela Elena. Mis manos estaban arrugadas, mi reflejo en el espejo era el suyo. ¡Era mi abuela! ¿Estaba muerta? No, peor. El calendario marcaba tres meses antes del desastre. Había vuelto en el tiempo. El pánico inicial se disipó, reemplazado por una calma gélida. Esto no era una maldición, era la oportunidad perfecta. Una sonrisa que nunca había visto en el rostro de mi abuela se dibujó en mis labios. Blanca. Ricardo. Pagarían por cada lágrima de mi madre, por cada pedazo de mi agonía. Con el cuerpo de Doña Elena, la matriarca temida, yo, Sofía, tenía el poder. El juego había cambiado. Ahora, yo ponía las reglas.”
1 Introducción2 Capítulo 13 Capítulo 24 Capítulo 35 Capítulo 46 Capítulo 57 Capítulo 68 Capítulo 79 Capítulo 810 Capítulo 911 Capítulo 10