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Mi Primer Amor Me Duele

Capítulo 3 

Palabras:645    |    Actualizado en: 04/07/2025

a tortillas recién hechas y a guisado

llizcándome el brazo con cariño. "No está

bien, mamá. Es qu

os clientes. Aquí yo no era la "chica rara de los tacos", era Sofía, la hija de doña Elena, la que preparaba lo

con flan napolitano que mi mamá había preparado para la maestra de literatura, como a

amigos. Me vio, y por una fracción de segundo, su sonrisa se desvaneci

relló contra su camisa blanca, impecable y seguramente carísima.

llo fue total. Todos s

o. Dejé la charola vacía en el suelo y busqué desesperadame

ía y cortante. Dio un paso atrás, como

. Miró la mancha en la camisa de Diego y l

. "Esta camisa cuesta más de lo que tu familia gana

jos. Me sentí sucia, pobre, insignificante. Miré mi ropa, mis jeans gastados,

ccidente"

no ven por dónde caminan", replicó Valeria. Se aferró al brazo d

ella, lanzándome una última mirada de fastidio. Ni siquiera

el olor amargo de la humillación flotando a mi alrededor. La gente empez

, con la cara entre las rodillas. Lloré por la camisa, por el flan de mi

e encon

? Vi lo que pasó. V

sollocé. "Arru

a camisa, le importó más quedar bien con

cada vez que leía una palabra, la cara de desprecio de Valeria aparecía en mi mente. Abrí mi cuadern

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Mi Primer Amor Me Duele
Mi Primer Amor Me Duele
“En el bullicioso Mercado de la Ciudad de México, mi vida giraba en torno al chisporroteo del comal y el aroma a cilantro. Era Sofía, la "chica de los tacos", y creía tener un amor platónico inofensivo por Diego, la estrella de fútbol de la prepa, un chico de sonrisa perfecta. Pero un día, después de un almuerzo dudoso, un zumbido irracional comenzó en mi cabeza, una voz clara que lo cambió todo. Cuando Diego se acercó a mi puesto, su voz sonó amable, pero la otra voz, la de mi mente, reveló una verdad brutal: "Uf, la chica de los tacos. Siempre se me queda viendo. Sus manos seguro huelen a grasa y a cebolla. Qué asco". Esa revelación me dejó sin aire, las pinzas cayeron de mis manos y el dolor en mi estómago se volvió una garra punzante. La humillación, la náusea, y el sabor amargo de la bilis y la desilusión me quemaron por dentro. Mi primer amor resultó ser una farsa, y yo, el chiste. Días después, el infierno continuó: choqué con Diego en el pasillo y, mientras estaba en el suelo, su pensamiento resonó: "Genial. Lo que me faltaba. La chica rara de los tacos tirada a mis pies. Qué patética se ve". La humillación se hizo carne y hueso. El punto de quiebre vino cuando Valeria, la hija del magnate del tequila, y amiga de Diego, me acusó de robar un collar. Me sentí sucia, pobre, insignificante, y Diego permaneció en silencio, cómplice de su crueldad. Al comprender que él nunca me defendería, que sólo la elegiría a ella, decidí que no iba a destruirme. Quemé mi diario con los sueños tontos de un amor platónico y las cenizas se llevaron a la chica que fui. Años después, siendo una chef exitosa y con un nuevo amor, el destino nos puso de nuevo en la misma mesa. Diego, ya no el ídolo, sino un hombre con el semblante cansado, intentó acercarse. Pero la chica que él conoció, la estúpida que lo admiraba, ya no existía. La había matado.”
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