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Mi Primer Amor Me Duele

Capítulo 2 

Palabras:649    |    Actualizado en: 04/07/2025

Caminaba por los pasillos abrazando mis libros contra el pecho, como si fueran un escudo. Mi cabeza se sentía vacía y pesada, y el zumbido de los p

o vi quién venía en dirección contraria hasta que fue demasiado tarde. Choqué contra algu

as", dijo una voz a

o. Estaba parado frente a

endo la cara arder de vergüenza.

, balbuceé, mientras int

segundo, una parte estúpida de mí esperó que s

ensamiento, tan claro y c

los tacos tirada a mis pies. Qué patética se

ezó a dar vueltas. Las voces del pasillo se mezclaron con el zumbi

voz alta, con un tono de falsa preocup

o me respondían. El sudor frío me recorría la frente. La humi

minar a nuestro alrededor, algunos se reían por lo bajo. Yo seguía en el suelo,

pentí tanto de habérmelos comido. No por la enfermedad, sino porque esa intoxicación me había p

a a cualquiera. Todas las chicas suspiraban por él. Yo también, en secreto, desde mi rincón en el sal

ía sucio. Contaminado por l

una mano. No era él

ás bien?", me preguntó,

uiera se molestó en quedarse

ntí, recogiendo mis cosas con m

, de su último partido, de lo guapo que era. Me puse los audífonos y subí la música al máximo. Pero no podía escapar de su voz en mi cabeza. Estudié hasta las tres de la mañana, llenando cuadernos con

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Mi Primer Amor Me Duele
Mi Primer Amor Me Duele
“En el bullicioso Mercado de la Ciudad de México, mi vida giraba en torno al chisporroteo del comal y el aroma a cilantro. Era Sofía, la "chica de los tacos", y creía tener un amor platónico inofensivo por Diego, la estrella de fútbol de la prepa, un chico de sonrisa perfecta. Pero un día, después de un almuerzo dudoso, un zumbido irracional comenzó en mi cabeza, una voz clara que lo cambió todo. Cuando Diego se acercó a mi puesto, su voz sonó amable, pero la otra voz, la de mi mente, reveló una verdad brutal: "Uf, la chica de los tacos. Siempre se me queda viendo. Sus manos seguro huelen a grasa y a cebolla. Qué asco". Esa revelación me dejó sin aire, las pinzas cayeron de mis manos y el dolor en mi estómago se volvió una garra punzante. La humillación, la náusea, y el sabor amargo de la bilis y la desilusión me quemaron por dentro. Mi primer amor resultó ser una farsa, y yo, el chiste. Días después, el infierno continuó: choqué con Diego en el pasillo y, mientras estaba en el suelo, su pensamiento resonó: "Genial. Lo que me faltaba. La chica rara de los tacos tirada a mis pies. Qué patética se ve". La humillación se hizo carne y hueso. El punto de quiebre vino cuando Valeria, la hija del magnate del tequila, y amiga de Diego, me acusó de robar un collar. Me sentí sucia, pobre, insignificante, y Diego permaneció en silencio, cómplice de su crueldad. Al comprender que él nunca me defendería, que sólo la elegiría a ella, decidí que no iba a destruirme. Quemé mi diario con los sueños tontos de un amor platónico y las cenizas se llevaron a la chica que fui. Años después, siendo una chef exitosa y con un nuevo amor, el destino nos puso de nuevo en la misma mesa. Diego, ya no el ídolo, sino un hombre con el semblante cansado, intentó acercarse. Pero la chica que él conoció, la estúpida que lo admiraba, ya no existía. La había matado.”
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