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Mi Primer Amor Me Duele

Capítulo 1 

Palabras:700    |    Actualizado en: 04/07/2025

o que sobraron. Quizás el calor del mediodía en el mercado de la Ciudad de México lo empeoró, o quizás la carne ya no estaba tan fresca. El aire olía

cabeza, no era el ruido habitual del mercado, era algo más, una voz

el equipo de fútbol de la prepa, un influencer con miles de seguidores, y el chico que ocupab

tres de suadero, po

a otra voz, la que estaba dentro de mi c

e me queda viendo. Sus manos seguro

resbalaron de los dedos y cayeron al suelo con un ruido seco. El dolor e

ego, su expresión de preocu

ando en mi cráneo, crudo y lleno de desprecio.

miré. Estaban encallecidas por el trabajo, con pequeñas cicatrices de quemaduras del

ar. Corría con una seguridad que yo nunca había sentido en mi vida. Cada gol, cada jugada, era una obra de arte.

ir, con la voz temblorosa.

ara. Mis manos se movían por instinto, agarrando las tortillas, poniendo la carne, l

aleria, la hija de un magnate del tequila, su amig

as manos después de tocar el suelo. Dile que

Pero me quedé quieta. Era Sofía, la chica del puest

e estraza. Mis manos no temblaron. Diego me

e. Mi voz sonó

, ya dándose la vuelta

cuché su último pensamie

con los chicos que podía conseguir comida gratis de la

garganta. Corrí a la parte trasera del puesto, justo a tiempo para vomitar en una cubeta. El sabor ama

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Mi Primer Amor Me Duele
Mi Primer Amor Me Duele
“En el bullicioso Mercado de la Ciudad de México, mi vida giraba en torno al chisporroteo del comal y el aroma a cilantro. Era Sofía, la "chica de los tacos", y creía tener un amor platónico inofensivo por Diego, la estrella de fútbol de la prepa, un chico de sonrisa perfecta. Pero un día, después de un almuerzo dudoso, un zumbido irracional comenzó en mi cabeza, una voz clara que lo cambió todo. Cuando Diego se acercó a mi puesto, su voz sonó amable, pero la otra voz, la de mi mente, reveló una verdad brutal: "Uf, la chica de los tacos. Siempre se me queda viendo. Sus manos seguro huelen a grasa y a cebolla. Qué asco". Esa revelación me dejó sin aire, las pinzas cayeron de mis manos y el dolor en mi estómago se volvió una garra punzante. La humillación, la náusea, y el sabor amargo de la bilis y la desilusión me quemaron por dentro. Mi primer amor resultó ser una farsa, y yo, el chiste. Días después, el infierno continuó: choqué con Diego en el pasillo y, mientras estaba en el suelo, su pensamiento resonó: "Genial. Lo que me faltaba. La chica rara de los tacos tirada a mis pies. Qué patética se ve". La humillación se hizo carne y hueso. El punto de quiebre vino cuando Valeria, la hija del magnate del tequila, y amiga de Diego, me acusó de robar un collar. Me sentí sucia, pobre, insignificante, y Diego permaneció en silencio, cómplice de su crueldad. Al comprender que él nunca me defendería, que sólo la elegiría a ella, decidí que no iba a destruirme. Quemé mi diario con los sueños tontos de un amor platónico y las cenizas se llevaron a la chica que fui. Años después, siendo una chef exitosa y con un nuevo amor, el destino nos puso de nuevo en la misma mesa. Diego, ya no el ídolo, sino un hombre con el semblante cansado, intentó acercarse. Pero la chica que él conoció, la estúpida que lo admiraba, ya no existía. La había matado.”
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