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La Guardía de Infierno

Capítulo 1 

Palabras:622    |    Actualizado en: 04/07/2025

ordaba a los espíritus que ya no pertenecían al mundo de los vivos, pero el portal de regreso

osa que olía a cempasúchil y a tierr

r a casa antes de que el sol del mundo

¡Nos vamos a desintegrar!", gritaba u

aba firme frente a la salida, con sus b

on la elegancia de la muerte

Le prometí que

El Charro. Sie

ordes de mi propio cuerpo empezaban

ados aquí, en el mundo de los vivos, c

erdo de lo que fuimos. Pero mi inst

o, sin pensar

en un puño y la g

lpe seco,

uelo, inconsciente, su elegant

me lancé a través del portal just

rra familiar y f

s, vi la figura de El Charro desvanecerse c

lo l

en el inframundo fueron

l principio, pero con el tiemp

o cr

nframundo, cultivando nuestros pod

de ascender, de convertirme en un Cacique d

randiosa, el aire

listo para recibir

uando sentí el

n enemig

s, con los ojos vacíos y llenos

s, dirigiendo el a

Cat

ulzura que una vez amé, so

habría desvanecido! ¡Tú lo mataste!", gritó, su v

compáñalo en s

ada, reducida a un simple hilo

soluto. La trai

mo pensamiento fue de una furia tan intensa q

ces, de

a cempasúchil

portal te

s en Pena grita

oqueando el paso, con la mism

Le prometí que

a vu

día en que todo

abría un golpe rápi

escape de ú

iba a destru

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La Guardía de Infierno
La Guardía de Infierno
“El aire del Mictlán era frío, como siempre, pero el calor de la desesperación quemaba más. El portal de regreso, nuestra única esperanza, se encogía a cada segundo. La Catrina, mi novia, se paraba firme, bloqueando el camino. "No. Él vendrá. Le prometí que lo esperaría", dijo, refiriéndose a El Charro. La desesperación se convirtió en furia mientras mi cuerpo empezaba a deshilacharse. La amaba, el recuerdo de ese amor, pero la supervivencia era más fuerte. La golpeé en la nuca, un golpe seco y preciso. La arrastré conmigo a través del portal justo cuando se cerraba. De vuelta en el Mictlán, la observé despertar, furiosa, pero eventualmente pareció aceptar. Años de paz pasaron en mi mansión, nuestras almas fortalecidas. Yo estaba a punto de ascender, de convertirme en Cacique del Inframundo. Pero en medio de la ceremonia, el ataque de las Almas en Pena llegó. Y dirigiendo a la turba, estaba ella, La Catrina. Su rostro, cubierto de odio puro, me gritó: "¡Si no hubieras sido tan egoísta, El Charro no se habría desvanecido! ¡Tú lo mataste!". "¡Ahora ve y acompáñalo en su perdición!". Mi alma fue desgarrada, el dolor y la traición absolutos. Mi último pensamiento fue una furia que quemaba más que el fuego del infierno. Y entonces, desperté. Con el mismo olor a cempasúchil y tierra mojada. El mismo portal tembloroso y las mismas Almas en Pena. Y frente a mí, La Catrina, bloqueando el paso, con la misma expresión terca. "No. Él vendrá. Le prometí que lo esperaría". Había vuelto. Al día en que todo se fue al demonio. Pero esta vez, no habría golpe rápido ni escape. Esta vez, los iba a destruir. A los dos.”
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