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La Guardía de Infierno

Capítulo 2 

Palabras:611    |    Actualizado en: 04/07/2025

deró de los espí

en el mundo de los vivos, y s

debilitaba, como si una mano invisible

dos!", aulló un espíritu anciano, cuya barba f

smo nos c

se agitaba, un mar de

rse paso, pero La Catrina

m

o vi a la m

que me había de

a, me había gritado que acompa

quiera se inmutó

el horizonte, buscando

ia, una voz que no toleraba réplicas. "Él val

voz era tan espesa

emerario intentó pasa

error

vió con una velo

reo, un fuego fantasmal de color azul pál

Un poder ancestral

da que envolvió a

encioso, su esencia consumida por las llamas azules ha

uió fue total, pesa

se atrevió

bromeaba. Estaba dispuesta a destruir

omento d

i rostro mostrando una falsa ex

dándole la espald

e de que solo ella me oyera. "Haces bien

sorprendida

continué, mi voz era miel envenenada. "Esp

hacia las almas

"La Catrina tiene razón. La lealtad es una virtud. Esperaremos a El Charro. Aquellos q

ue una daga d

palabras de apoyo qu

era una sentencia de

anza absoluta

ama de rebelión que

sol que los borraría y una guardi

equeña sonrisa de suficien

entenderí

endía perf

gancia y su ceguera

usto, sería quien

de que nadie más la desaf

soluto, mirando por encima de las cabezas de lo

confianza era un insulto a la

fec

a según

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La Guardía de Infierno
La Guardía de Infierno
“El aire del Mictlán era frío, como siempre, pero el calor de la desesperación quemaba más. El portal de regreso, nuestra única esperanza, se encogía a cada segundo. La Catrina, mi novia, se paraba firme, bloqueando el camino. "No. Él vendrá. Le prometí que lo esperaría", dijo, refiriéndose a El Charro. La desesperación se convirtió en furia mientras mi cuerpo empezaba a deshilacharse. La amaba, el recuerdo de ese amor, pero la supervivencia era más fuerte. La golpeé en la nuca, un golpe seco y preciso. La arrastré conmigo a través del portal justo cuando se cerraba. De vuelta en el Mictlán, la observé despertar, furiosa, pero eventualmente pareció aceptar. Años de paz pasaron en mi mansión, nuestras almas fortalecidas. Yo estaba a punto de ascender, de convertirme en Cacique del Inframundo. Pero en medio de la ceremonia, el ataque de las Almas en Pena llegó. Y dirigiendo a la turba, estaba ella, La Catrina. Su rostro, cubierto de odio puro, me gritó: "¡Si no hubieras sido tan egoísta, El Charro no se habría desvanecido! ¡Tú lo mataste!". "¡Ahora ve y acompáñalo en su perdición!". Mi alma fue desgarrada, el dolor y la traición absolutos. Mi último pensamiento fue una furia que quemaba más que el fuego del infierno. Y entonces, desperté. Con el mismo olor a cempasúchil y tierra mojada. El mismo portal tembloroso y las mismas Almas en Pena. Y frente a mí, La Catrina, bloqueando el paso, con la misma expresión terca. "No. Él vendrá. Le prometí que lo esperaría". Había vuelto. Al día en que todo se fue al demonio. Pero esta vez, no habría golpe rápido ni escape. Esta vez, los iba a destruir. A los dos.”
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