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Tú La Ladrona de Mentes

Capítulo 4 

Palabras:949    |    Actualizado en: 04/07/2025

ro. El Jefe de Policía me agarró del brazo, su mano apretan

cámaras apuntando hacia mí, como un pelotón de fusilamiento. S

podio y se quedó a mi lad

una declaración que hacer

. No podía seguir el guion del Jefe. Tenía que

an insignificante que solo Sofía y yo conocíamos los detalles, porque habíamos

que esperaba, "me gustaría hacerle una pregunta a

multitud, pero ella no estaba allí. Estaba vien

rdines' de hace dos años. El ladrón que robaba gnomos de jardín. En la casa de la Sra. Pineda,

ra psíquica, debería saberlo. Pero si solo leía mis pensamientos a

oderó de la sala. Todos

se abrió paso bruscam

l Mae

ía visto. Sus ojos estaban inyectados e

ritó, su voz res

a atónita de todos, levan

ontra mi mejilla silenció a toda la sala. El flash de

le una trampa a tu propia compañera con juegos mentales! ¡Estás celosa! ¡Celos

n era tan absoluta, tan viole

de un reportero en la primera fila

ba triste,

que tenía pintado un bigote como el de su difunto esposo. Lo recuerdo, Elena. Lo recuerdo porque me lo contaste esa misma

o se de

para pintarme como una persona cruel y manipuladora que usaba momentos íntimos para atacar. Y

d se volvi

uer

aido

e de

ntí pequeña, acorralada. Miré al Jefe de Poli

alejó del podio, dejándome sola fre

la desesperación me ahogaban. Sentí que

eléfono vibró en mi bolsillo.

e de un númer

ía cinco

lee el

ibración. Un

pensamientos.

vez. Una comprensión helada

mis pen

e solo yo conocía, el hecho de que siempre estuviera un pas

itud seguía gritando. El

vergüenza. Solo una c

que tenía

detenerme. Llegué al frente de la sala, donde estaba el

a placa de mi cinturón. La placa de Ca

ré al

en la sala, silenciando

", dije, mi voz tranqu

dejando atrás mi carrera, mi repu

é las sirenas a lo lejos. Otra crisis,

o tiempo, no sentí el impuls

nada en

en blanco. Una

uería leer mis pensamientos, a par

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Tú La Ladrona de Mentes
Tú La Ladrona de Mentes
“Me anuncié como la leyenda caída, la Capitana Elena Rojas, y la ciudad entera celebró mi retiro anticipado. En el Salón Dorado, todos sonreían con una mezcla de alivio y desprecio mientras mi "hermanita" detective, Sofía Vidal, la nueva estrella, se apoderaba del escenario con su falsa humildad. La vi recibir los aplausos que antes eran míos, mientras me elogiaba, manipulando a la multitud con veneno y lágrimas de cocodrilo, reescribiendo la historia y pintándome como una incompetente. Solo yo conocía la verdad: que en mi vida pasada, esta misma mujer, la supuesta "Detective Psíquica", me había destruido al robar mis pistas y mis pensamientos, empujándome al abismo de la humillación pública y, finalmente, a una emboscada fatal. Pero entonces, abrí los ojos de nuevo, de vuelta al día que lo cambió todo, y un escalofrío me recorrió: esto no era un sueño. Tuve una oportunidad, una segunda oportunidad para reescribir mi destino. Pero la humillación se repitió, y mi mentor, el Maestro, me traicionó públicamente, acusándome de arrogancia y ceguera. La vergüenza me abrumó, y en un acto de desesperación, arrojé mi placa, huyendo de una policía que me había dado la espalda. Me retiré, vaciando mi mente, para que mi "hermanita" se desmoronara sin mi "ayuda". No sabía cómo, pero ella leía mis pensamientos, mis errores, mis procesos. Sin embargo, un mensaje de un número desconocido me reveló la verdad: ella no leía el futuro, ¡leía MI mente! El juego cambió; si quería pescar en mis pensamientos, ahora los encontraría vacíos. Pero una crisis de asesinatos me devolvió al ruedo, y con Sofía en el hospital, inconsciente, las reglas eran mías. Decidí tenderle una red. Le di un cebo, una pista falsa sobre el crimen que sabía que la cazaría. Y ella, en su arrogancia, lo tomó. El FBI la desenmascaró, exponiendo sus "visiones" como un fraude absurdo. El Maestro, consumido por su papel de "batería", confesó, revelando la pluma plateada, el objeto que nos unía a todos. Con su confesión grabada y la pluma en mi mano, estaba lista. Llamé a Sofía, atrayéndola de regreso a mi mente, al escenario donde yo sería la estrella y ella, la anciana consumida por su propio ego.”
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