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La Madre Abogada, Esfuerzo Para Su Hija

Capítulo 2 

Palabras:1002    |    Actualizado en: 04/07/2025

el principio de una nueva pesadilla. Sofía se quedó paralizada, mirando la madera pulida que ahora la

ami

ba en el silencio

do el nudo de la corbata, como si acabara de terminar una reunión de n

, la voz rota. "¿Por qué le

, un sonido de

lástima, pero está claro que fue un error.

la que dejas cuidar de mi h

do la amabilidad de hacerse cargo de una situación... complicada" , resp

moria era un rompecabezas incompleto, pero sabía, en lo más profundo de su ser, que no había sido su cul

aunque sonaba débil inclu

rio, una ri

a víctima perpetua. La pobre inmigrante que

zo clic. La forma en que él la miraba, no con amor o decepción, sino con el cálculo frío de

on una certeza b

aciones de una familia poderosa que pudiera desafiarlo. Una inmigrante con un padre enfermo era la candidata perfecta. Ella le daba una imagen de hombre de familia gen

ijo Sofía, su voz extrañamente calmada.

idez. Dejó de ajustarse la corbata y la mi

as ridí

a fuerza, nacida de la más pura desesperación, recorrí

os. La expresión de Ricardo pasó de l

ción crees que estás para exigir algo?

volvió a entrar en la habitación

es todo lo que necesita" , dijo, dirigién

abía estado hirviendo a fuego lento en el interior de Sofía finalmente explotó. Antes de poder p

ruscamente y una marca roja comenzó a aparecer en su mejilla pálida

a loca!"

apartó bruscamente, empujándola contra la pared. Acunó el rostro

i amor?" , le su

ompecabezas. Eran amantes. Todo este tiempo, habían sido amantes. La

cia Sofía, con los o

a acercarte a mí, a Valentina o a mi hij

replicó Sofía, con la

dre incapacitada. Ningún juez te daría

ntina y la fría indiferencia de Ricardo, se cruzó con Doña Elena, la madr

, Sofía. Más gratitu

or, el origen de toda la frialdad y

uyendo a mi hija. Y

ó de hombros, un ges

ras una solución temporal a un problema. El problema es que

a salió de la mansión y el sol de la tarde le dio en la cara, pero no sintió su calor. P

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La Madre Abogada, Esfuerzo Para Su Hija
La Madre Abogada, Esfuerzo Para Su Hija
“El vapor de la ducha apenas ocultaba la ansiedad en mis ojos mientras me preparaba para ver a Luna. Era la primera vez en tres meses que Ricardo, mi exesposo, me concedía una visita supervisada en la que una vez fue mi hogar. Mi corazón latía como un tambor mientras un doloroso fragmento de memoria me golpeaba: el chirrido de los neumáticos, el olor a quemado, el metal retorciéndose. Después, el hospital y la voz fría de Ricardo: "Tuvo un golpe. Nada grave, pero... tendrá secuelas. Una... discapacidad." Y luego su peor golpe: "Mamá, ¿dónde está Sofía? ¡Quiero verla!" "Tu memoria está afectada, estás inestable. No sería bueno para ella verte así." Así usó mi amnesia en mi contra, convirtiéndome en la mujer loca, incapaz y rota para deshacerse de mí y de la "inconveniencia" de nuestra hija. Hoy me atreví a regresar a esa mansión, solo para encontrar a Valentina, la amante de Ricardo, maltratando a mi Luna. "¡Le estás haciendo daño!" , grité, pero Ricardo apareció y me acusó de exagerar, de estar inestable, de ser la culpable. "¡No estoy loca! ¡Vi cómo la trataba!", le supliqué, pero él me expulsó de la casa como una extraña, arrebatándome a mi hija una vez más. ¿Por qué él podía creer una mentira tan vil? Y lo peor, era que Luna me estiró su manita, gritando "¡Mami!", mientras Valentina se la llevaba. El dolor me aplastaba, pero al escuchar a Ricardo llamarme "inmigrante pobre que salvé", algo se encendió en mí. Nunca fue amor, fue un negocio. Él necesitaba una esposa manejable, yo necesitaba el tratamiento para mi padre. Fui una tonta al creer. "Quiero el divorcio" , le dije, y la rabia me consumió, dándole una bofetada a Valentina. "Es mi hija también" , le grité a Ricardo mientras me echaba, pero él se burló: "Ningún juez te daría la custodia en tu estado." Su madre, Doña Elena, me ofreció dinero para que desapareciera, para que renunciara a Luna. Pero la imagen de mi hija, suplicando, me hizo recuperar la fuerza. "Voy a recuperarla" , le dije a Doña Elena, "No me importa lo que cueste. Lucharé contra ustedes y contra el mundo entero si es necesario." Ya no tenía nada que perder, y eso me hacía muy peligrosa. Así que me fui, no derrotada, sino con una promesa a mi padre: "Haré que se arrepientan de haber subestimado a la inmigrante loca." Que comience la guerra.”
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