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La Madre Abogada, Esfuerzo Para Su Hija

Capítulo 1 

Palabras:923    |    Actualizado en: 04/07/2025

sus ojos. Se arregló el cuello del vestido sencillo, uno de los pocos que conservaba de su vida anterior, el material se sentía ajeno contra su piel.

último año era una mancha borrosa de dolor y confusión. La amnesia había

alto mojado por la lluvia, el olor a quemado, el sonido del metal retorciéndose. Después, el silencio. Y luego

itación, su traje impecable, su

e. Estás hacien

Está bien?" , su voz

ve, pero... tendrá secuel

abra como si f

ero v

que tu memoria está afectada, que estás ine

La convirtió en una mujer loca, incapaz, rota. Una excusa perfecta para deshac

te. Por Luna. Salió del pequeño apartamento que su padre, Pedro, había consegui

ra y cristal que parecía burlarse de su situación. Cada ventana, cada adorno de jardín, era un reco

ta quien la recibi

triunfante. Llevaba un vestido de seda que probablement

esa. No te esperab

dulce, pero sus ojos

ija, Valentina. Rica

cuesta un poco más ahora" , dijo Valentina, disfrutando cada palabra.

pausa d

extraña ahora,

lencio opresivo de la casa. El corazón le martilleaba contra las costillas. La p

ente. La escena que enc

cio mientras Valentina le cepillaba el pelo con un

monstruo cuando llegue tu... visita?" , siseó

daño!" , gritó Sofía,

ro se recuperó rápidamente. Se interpuso entre So

fícil. Estoy intentando que se vea prese

¡Estás abusan

pero la mujer era sorprendenteme

de ella día y noche, mientras tú estabas... recuperándote"

abitación. Su presencia llenó el espa

aquí? Sofía, te dije

ó hacia él,

le está haciendo a Luna!

eguía sollozando en el suelo. Sus ojos es

. Tú estás exagerando, como siempre. Est

ataba!" , suplicó Sofía, las lág

. Se acercó a Valentina. "Llévate a Luna a su cuart

el y victoriosa. Agarró a Luna de

o. Tu mami tie

cia Sofía, sus ojos llen

ami

io cómo Valentina arrastraba a su hija fuera de la habitación y cerraba

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La Madre Abogada, Esfuerzo Para Su Hija
La Madre Abogada, Esfuerzo Para Su Hija
“El vapor de la ducha apenas ocultaba la ansiedad en mis ojos mientras me preparaba para ver a Luna. Era la primera vez en tres meses que Ricardo, mi exesposo, me concedía una visita supervisada en la que una vez fue mi hogar. Mi corazón latía como un tambor mientras un doloroso fragmento de memoria me golpeaba: el chirrido de los neumáticos, el olor a quemado, el metal retorciéndose. Después, el hospital y la voz fría de Ricardo: "Tuvo un golpe. Nada grave, pero... tendrá secuelas. Una... discapacidad." Y luego su peor golpe: "Mamá, ¿dónde está Sofía? ¡Quiero verla!" "Tu memoria está afectada, estás inestable. No sería bueno para ella verte así." Así usó mi amnesia en mi contra, convirtiéndome en la mujer loca, incapaz y rota para deshacerse de mí y de la "inconveniencia" de nuestra hija. Hoy me atreví a regresar a esa mansión, solo para encontrar a Valentina, la amante de Ricardo, maltratando a mi Luna. "¡Le estás haciendo daño!" , grité, pero Ricardo apareció y me acusó de exagerar, de estar inestable, de ser la culpable. "¡No estoy loca! ¡Vi cómo la trataba!", le supliqué, pero él me expulsó de la casa como una extraña, arrebatándome a mi hija una vez más. ¿Por qué él podía creer una mentira tan vil? Y lo peor, era que Luna me estiró su manita, gritando "¡Mami!", mientras Valentina se la llevaba. El dolor me aplastaba, pero al escuchar a Ricardo llamarme "inmigrante pobre que salvé", algo se encendió en mí. Nunca fue amor, fue un negocio. Él necesitaba una esposa manejable, yo necesitaba el tratamiento para mi padre. Fui una tonta al creer. "Quiero el divorcio" , le dije, y la rabia me consumió, dándole una bofetada a Valentina. "Es mi hija también" , le grité a Ricardo mientras me echaba, pero él se burló: "Ningún juez te daría la custodia en tu estado." Su madre, Doña Elena, me ofreció dinero para que desapareciera, para que renunciara a Luna. Pero la imagen de mi hija, suplicando, me hizo recuperar la fuerza. "Voy a recuperarla" , le dije a Doña Elena, "No me importa lo que cueste. Lucharé contra ustedes y contra el mundo entero si es necesario." Ya no tenía nada que perder, y eso me hacía muy peligrosa. Así que me fui, no derrotada, sino con una promesa a mi padre: "Haré que se arrepientan de haber subestimado a la inmigrante loca." Que comience la guerra.”
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