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La Madre Abogada, Esfuerzo Para Su Hija

Capítulo 4 

Palabras:797    |    Actualizado en: 04/07/2025

ida y la desesperanza silenciosa de las despedidas. Sofía abrazó a su padre, Pe

ara ti más que dolor" , le susurró él, con

á, tu trata

" , dijo con una sonrisa débil. "Además, tu lucha no está aquí, Sofía. Aquí eres la exesposa loc

gastado, mucho más delgado que el de Doñ

d te está esperando. Tiene un pequeño restaurante. Te dará trabajo y un lugar donde

a brotar. El sacrificio de su padre, su fe inq

todo, papá. T

ue traigas a mi nieta de vuelta. Ahora vete, ant

el vehículo se ponía en marcha, vio a su padre de pie en el andén, hacié

l principio, antes de que la máscara se deslizara. Un paseo por el parque, la primera vez que sintió a Luna moverse dentro de ella, la forma en que Ricardo le había tomado la mano, sorpren

ló hasta los huesos. El primo de su padre, un hombre amable

por las calles de la ciudad. "Lo que te han hecho no tien

to, pero era suyo. El olor a ajo y aceite de oliva que subía desd

iendo mesas, haciendo lo que fuera necesario. Por la noche, caía en la cama agotada, pero el sue

sentó con ella d

ás trabajando hasta morir. Tu

inero para e

nes que intentarlo. Tu español es perfecto,

a? La respuesta llegó con

iero estudi

mo si hubiera espe

uchar po

a luchar

ribió ensayos sobre su vida y sus aspiraciones. Puso todo s

estigiosa universidad. La abrió con manos temblor

a no lloró de tristeza, sino de una abrumadora g

papá. Voy a est

lozo al otro l

ña. Sabía que lo harías. Aho

ventana las luces de Madrid. "Haré que se arrep

s emocionales en pasillos de mármol. Ahora se libraría en aulas, bibliotecas y,

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La Madre Abogada, Esfuerzo Para Su Hija
La Madre Abogada, Esfuerzo Para Su Hija
“El vapor de la ducha apenas ocultaba la ansiedad en mis ojos mientras me preparaba para ver a Luna. Era la primera vez en tres meses que Ricardo, mi exesposo, me concedía una visita supervisada en la que una vez fue mi hogar. Mi corazón latía como un tambor mientras un doloroso fragmento de memoria me golpeaba: el chirrido de los neumáticos, el olor a quemado, el metal retorciéndose. Después, el hospital y la voz fría de Ricardo: "Tuvo un golpe. Nada grave, pero... tendrá secuelas. Una... discapacidad." Y luego su peor golpe: "Mamá, ¿dónde está Sofía? ¡Quiero verla!" "Tu memoria está afectada, estás inestable. No sería bueno para ella verte así." Así usó mi amnesia en mi contra, convirtiéndome en la mujer loca, incapaz y rota para deshacerse de mí y de la "inconveniencia" de nuestra hija. Hoy me atreví a regresar a esa mansión, solo para encontrar a Valentina, la amante de Ricardo, maltratando a mi Luna. "¡Le estás haciendo daño!" , grité, pero Ricardo apareció y me acusó de exagerar, de estar inestable, de ser la culpable. "¡No estoy loca! ¡Vi cómo la trataba!", le supliqué, pero él me expulsó de la casa como una extraña, arrebatándome a mi hija una vez más. ¿Por qué él podía creer una mentira tan vil? Y lo peor, era que Luna me estiró su manita, gritando "¡Mami!", mientras Valentina se la llevaba. El dolor me aplastaba, pero al escuchar a Ricardo llamarme "inmigrante pobre que salvé", algo se encendió en mí. Nunca fue amor, fue un negocio. Él necesitaba una esposa manejable, yo necesitaba el tratamiento para mi padre. Fui una tonta al creer. "Quiero el divorcio" , le dije, y la rabia me consumió, dándole una bofetada a Valentina. "Es mi hija también" , le grité a Ricardo mientras me echaba, pero él se burló: "Ningún juez te daría la custodia en tu estado." Su madre, Doña Elena, me ofreció dinero para que desapareciera, para que renunciara a Luna. Pero la imagen de mi hija, suplicando, me hizo recuperar la fuerza. "Voy a recuperarla" , le dije a Doña Elena, "No me importa lo que cueste. Lucharé contra ustedes y contra el mundo entero si es necesario." Ya no tenía nada que perder, y eso me hacía muy peligrosa. Así que me fui, no derrotada, sino con una promesa a mi padre: "Haré que se arrepientan de haber subestimado a la inmigrante loca." Que comience la guerra.”
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