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Si Tuviera Segunda Oportunidad

Capítulo 4 

Palabras:1066    |    Actualizado en: 03/07/2025

ntara en la sala. Sentí la mirada de Ricardo, llena de advertencia, y la de Camila, rebosante de

s de mi abuela para cubrir una nómina cuando un cliente se retrasó en un pago. Recordé haber consolado a Jorge, mi hijo, prometi

e veía como una herramienta y un hi

m

y miré directament

nes ponen los ladrillos y quienes se toman la foto cuando el edificio está terminado. Durante mucho tiempo, me contenté c

a se desvió por un segun

tos. Y he descubierto que los cimientos de este proyecto en particular," dije, se

cara de Ricardo se puso roja de i

te atreves!"

clamó Camila, su voz tembl

ando a todos. Sus ojos penetrantes no se apartab

periencia, acusaciones tan graves deben estar respaldada

la, sus dedos entrel

do el silencio tenso. "Quiero que ambos, la señorita Camila

la donde había dos mesas

aciones de la zona y la logística. Tienen una hora," ordenó. "Muéstrenme un concepto. No un p

ntal. La tensión en l

risa arrogante se dibujó en sus labios. Se levantó con confianza y se dir

icardo, sonriendo. "Así se acabarán e

curvas elegantes. En cuestión de minutos, un boceto espectacular comenzó a tomar forma: una torre d

ón. "Brillante, mi amor. Absolutamente brillante," s

a. No me había movido. Simplemente m

lápiz de Camila sobre el papel y los murmullos de los demás miemb

orita Elena se ha

acusación muy grave y ah

zón. Ella es solo

de triunfo en el rostro de Ricardo. Él creía que me h

Camila dejó su lápiz con un gesto dramático

Maestro," anunc

mesa. Observó el dibujo en silencio durante un

mí. "¿Y usted, señorita Elena?

hacia mi mesa. Mi hoja de papel

icardo. "Creo que eso responde

corazón latía con calma. H

e, mi voz era serena. "Mi pr

Maestr

ra ese terreno sería irrelevante. Porque la verdadera visión no consiste en c

en me miraba con una mezc

que ya existe," continué, mi voz se endureció. "Tan experta, de h

en un silenc

la tesis de posgrado de un estudiante de la UNAM de hace cinco años. Un estudiante que

eron como platos, el color

a, "me he tomado la libertad de invitar a dicho estu

edad, con aspecto de académico y una mirada triste, entró en

robado su primer diseño. Y sabía exac

había c

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Si Tuviera Segunda Oportunidad
Si Tuviera Segunda Oportunidad
“Yacía en aquella cama de hospital de lujo en la Ciudad de México, mi cuerpo apenas sostenido por tubos, cada aliento una batalla. Frente a mí, los dos hombres por los que lo di todo: Ricardo, mi esposo, el magnate inmobiliario que ayudé a construir desde cero, y Jorge, mi hijo, la luz de mi vida. Pero sus miradas no eran para mí, sino para un fajo de papeles que Ricardo me empujó: un documento para cederlo todo a Camila, la joven ambiciosa que él llamaba su nueva "socia". "Elena, tienes que firmar", dijo Ricardo, su voz helada. Jorge, mi propio hijo, añadió: "Mamá, por favor, solo firma. Camila es una visionaria. Tú... solo fuiste una socia operativa". ¿Socia operativa? Después de sacrificar mi legado, mi sueño, mi vida, para que ellos tuvieran todo. Una risa amarga escapó de mis labios. El monitor cardíaco se volvió loco. Ricardo finalmente me miró, con una brutal sinceridad reservada solo para los moribundos. "Nunca te amé, Elena. Mi matrimonio contigo fue un negocio. A quien siempre amé fue a Camila. Tú solo fuiste el medio para conseguir el fin". El pitido del monitor se hizo continuo. Mi mano cayó inerte. Morí con el corazón destrozado, traicionada hasta el último aliento. Oscuridad. Y luego, un rayo de sol cálido. Abrí los ojos y reconocí el techo de mi antiguo apartamento de soltera. Mis manos eran jóvenes, firmes. ¡Estaba viva y tenía veinticinco años! De repente, un golpe en la puerta. Abrí y mi corazón se detuvo: era Ricardo, joven y radiante, con un ramo de mis flores favoritas. Y detrás de él, Camila, con su sonrisa tímida y llena de ambición. Recordé la fecha: el día en que Ricardo me propuso matrimonio. El día en que Camila entró a nuestras vidas. Mi infierno. "Elena, mi amor", dijo Ricardo, arrodillándose, con la voz llena de miel. "Cásate conmigo. Construyamos un imperio juntos". En mi vida pasada, lloré de felicidad y dije que sí. Pero esta vez, una sonrisa fría se dibujó en mis labios. "No", dije, claro y firme. "No me voy a casar contigo". Ricardo parpadeó, confundido. "Pero", continué, mi voz un susurro cortante, "estoy dispuesta a considerar una sociedad de negocios. Con términos muy claros. Y con una cláusula de salida muy estricta para ti". Los dejé atónitos en el pasillo, escuchando sus susurros a través de la puerta. "Es sólo un capricho", dijo Camila. "Ella es sólo un escalón... el dinero de su familia es lo que necesitamos". Escalón. No esta vez. Esta vez, yo no sería el escalón. Yo sería el precipicio.”
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