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La Madre Ciega y Su Fin

Capítulo 3 

Palabras:554    |    Actualizado en: 03/07/2025

mo un veneno. "Es pura farsa" . "Tú eres mi familia de verdad" . Cada palabra era un golpe, una confirmación de años de sospechas, de una soledad que había sentido incl

rta del cuarto de Juanito se abrió lentamente. Era Sofía. Se había cambiado el vestido rojo por una bata de seda neg

ve buscándote. ¿Por qué no me despertaste? Hubiera ido con

a. Miraba sus manos, sus uñas perfectamente pintadas de rojo. Miraba su cara, dond

lo invadió, una mezcla del alcohol de la noche anterior y un perfume caro y d

n sollozo que sonó hueco. "Era un ángel. Dios se l

s por primera vez. Y en e

o una mano en su pecho. Sus dedos estaban fríos. Intentó abrazarlo, pegar su cuer

ndo. Nos tenemos el uno al otr

o. Era un gesto íntimo, un intento de seducción calculado y repugnante. Quería u

ojos. La mano de ella en su piel se sentía como un carbón ardiente. Con un movimie

me toq

a, llena de un asco que n

La máscara de viuda doliente se resquebraj

qué te

agarró con más fuerza a la camiseta de su hijo, el único trozo de verdad que le quedaba en esa casa lle

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La Madre Ciega y Su Fin
La Madre Ciega y Su Fin
“El teléfono sonó, rompiendo la calma de la madrugada en mi pequeña panga. Era el Hospital General, hablando de un accidente, una motocicleta y de mi hijo, Juanito, el campeón que intentaba saldar nuestras deudas. Las deudas que Sofía había acumulado. Desesperado, marqué el número de mi esposa una y otra vez, pero nadie respondía. Recordé la estúpida fiesta que Sofía había organizado para su primo Ricardo, un mariachi con más ego que talento, una fiesta costeada con el dinero que no teníamos. Llegué, con mi ropa de pescador apestando a mar, a una mansión alquilada donde la música de mariachi atronaba. En el centro, como una reina de hielo, estaba Sofía, riendo con Ricardo en un vestido rojo que nunca le vi. Cuando le dije que Juanito había sufrido un grave accidente, me soltó con desprecio: "No me arruines la fiesta. Ricardo está a punto de cantar" . Ese día, mi hijo murió. La policía me entregó sus pocas pertenencias, incluida su cartera con una foto de su primer equipo de fútbol. Sufrió, sí, pero el verdadero sufrimiento era el mío. Regresé a casa y encontré sobre la cama un costoso traje de mariachi para Ricardo, comprado con el mismo dinero que Juanito, en su moto vieja, intentaba recuperar. Y luego escuché la voz de Sofía: "Lo del pescador pobre es una farsa... todo lo que tengo es para ti, Ricardo. Tú eres mi familia de verdad" . Las palabras de mi esposa me destrozaron. Mi hijo había muerto, y para ella, todo había sido una mentira. Me odió por estropear su noche, y yo no entendía cómo podía haber vivido tanto tiempo con una extraña. Pero la confusión se convirtió en una fría determinación. No, yo no era la farsa. Pronto, la verdad saldría a la luz.}”
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