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La Madre Ciega y Su Fin

Capítulo 4 

Palabras:585    |    Actualizado en: 03/07/2025

e enfado. La sorpresa por el rechazo de Arm

¿O qué querías, que me pusiera a gritar como loca? Hay

oísmo. Armando sintió una oleada de cansancio, un agotamiento tan profundo que le pesaba en cada músculo. Ya

s audible, pero cargada de una finalida

acía del cuarto de Juanito. Ya no que

o de tono. "¡Perfecto! ¡Quédate solo con tu amargura y tu drama! ¡A ver si eso t

se portazo, un extraño silencio llenó la casa. Por primera vez en mucho tiempo, Armando sintió un resquicio de paz. Una paz triste, desoladora, per

. Tocaba sus cosas, sus libros de la escuela, sus balones de fútbol gastados. Encontró un

Era Sofía. Debía haber olvidado algo. Vio la caja

r sus cachivaches? Siempre guardando porquerías. Tira eso,

la a la basura. Pero Armando la apartó con el cuerpo,

mo "Juanito Morales, la joven promesa del fútbol estatal" y "El gol de Morales lleva a la victoria al equipo juvenil" . Había una carta doblada. Era un

medallas y los recortes con los

é es esto?"

s sueños, de la oportunidad que estaba a punto de cambiarle la vida. Estaba demasiado ocupada financiando la carrera de su primo como para

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La Madre Ciega y Su Fin
La Madre Ciega y Su Fin
“El teléfono sonó, rompiendo la calma de la madrugada en mi pequeña panga. Era el Hospital General, hablando de un accidente, una motocicleta y de mi hijo, Juanito, el campeón que intentaba saldar nuestras deudas. Las deudas que Sofía había acumulado. Desesperado, marqué el número de mi esposa una y otra vez, pero nadie respondía. Recordé la estúpida fiesta que Sofía había organizado para su primo Ricardo, un mariachi con más ego que talento, una fiesta costeada con el dinero que no teníamos. Llegué, con mi ropa de pescador apestando a mar, a una mansión alquilada donde la música de mariachi atronaba. En el centro, como una reina de hielo, estaba Sofía, riendo con Ricardo en un vestido rojo que nunca le vi. Cuando le dije que Juanito había sufrido un grave accidente, me soltó con desprecio: "No me arruines la fiesta. Ricardo está a punto de cantar" . Ese día, mi hijo murió. La policía me entregó sus pocas pertenencias, incluida su cartera con una foto de su primer equipo de fútbol. Sufrió, sí, pero el verdadero sufrimiento era el mío. Regresé a casa y encontré sobre la cama un costoso traje de mariachi para Ricardo, comprado con el mismo dinero que Juanito, en su moto vieja, intentaba recuperar. Y luego escuché la voz de Sofía: "Lo del pescador pobre es una farsa... todo lo que tengo es para ti, Ricardo. Tú eres mi familia de verdad" . Las palabras de mi esposa me destrozaron. Mi hijo había muerto, y para ella, todo había sido una mentira. Me odió por estropear su noche, y yo no entendía cómo podía haber vivido tanto tiempo con una extraña. Pero la confusión se convirtió en una fría determinación. No, yo no era la farsa. Pronto, la verdad saldría a la luz.}”
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