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Lo Siento Hijo Mío

Capítulo 2 

Palabras:1087    |    Actualizado en: 02/07/2025

mi mano de nuevo cua

Yo también. Tenemos que apoyarnos

on suavidad, pero con una firmeza que la sorprendió. No dije nada. El silencio era mi única arma, mi

a, fría. El aire estaba impregnado de su perfume caro, no

ije, mi voz sonaba rasposa, ajena. "Poco a poc

gro y lo colgó con un gesto

eso... ya m

, sin e

ecir con que ya

í que esta mañana, mientras estabas con los preparativos del funeral, llamé a un servicio de limpieza. Se llevaron tod

paredes blancas y desnudas me devolvían la mirada. No quedaba ni un dibujo pegado con cinta adhesiva, ni un cochecito olvidado en un rincón, ni el olor a su champ

soportable en mi pecho que me impedía respirar. Era peor que el funeral, peor que la

ral de la puerta, con el

sí. Menos recorda

a músculo de mi cuerpo tem

apenas un susurro. "¿Cuando..

con un matiz d

rápido. Una complicación. Se quedó

amaste. Me dijiste que estaba emocionado. Me dijiste que te dijo que aguantar

tener la farsa. Había llorado al otro lado de la línea, contándome lo vali

ro se e

osas. Probablemente ni siquiera entend

ociones se estrellaban y se rompían en mil pedazos. Des

í con manos temblorosas. Dentro, revueltos con basura, estaban el cometa que le construí, un par de sus tenis gastados y el último dibujo

guntó Sofía desde la puerta del g

respondí, mi

te de ellos. No quiero

to. "No te preocupes," dij

mi taller, mi laboratorio secreto, el lugar donde trabajaba en mis propios proyectos tecnológicos, lejos de las miradas curiosas de la empresa de

su dibujo en la pared, justo encima de mi mesa de trabajo. Coloqué sus pequeños tenis junto a la pata de la mesa y apoyé el come

nte por primera vez. Cuando finalmente sentí las fuerzas para volver a casa, ya era de noche. Sab

sala. Al quitarme los zapatos en la entrada, vi un par que no reconocí. Er

a y Ricardo, sentados en el sofá, con copas de vino en la mano, riendo. Ni

y su sonris

es amable de su parte? Me explicó que por eso no pudo ir al funeral,

había matado a nuestro hijo, era tan surrealista, tan grotesca, que por un momento pe

iento mucho. Sofía es

lada, comenzó a su

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Lo Siento Hijo Mío
Lo Siento Hijo Mío
“El aire en el panteón era denso, cargado de tristeza, mientras sostenía entre mis manos la pequeña urna de Leo, lo único que quedaba de mi hijo de seis años. Fue allí, en medio de mi desolación, buscando el consuelo de mi esposa Sofía, que la encontré, no llorando a nuestro hijo, sino riendo en un rincón apartado con Ricardo, su "amor platónico" de la universidad. Me oculté, y las escuché: Sofía renegaba de Leo, lo llamaba un "accidente" y una "ruina" para sus mejores años, y lo peor, revelaba que no lo había llevado al extranjero para salvarlo, sino para someterlo a lo que ella burdamente llamó "eutanasia" para estar "libre, sin ataduras" con Ricardo. Mi campeón, mi pequeño Leo, no había luchado en vano por su vida, solo para ser sacrificado por el egoísmo de su propia madre, quien además me despreciaba y me veía como un "bueno para nada", una carga. El impacto de esta verdad monstruosa destrozó lo que quedaba de mí, transformando mi dolor en una furia helada. No era suficiente con huir, la justicia para Leo exigía una venganza que ni Sofía ni Ricardo jamás olvidarían.”
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