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El Precio es La Vida de Mi Hijo

Capítulo 3 

Palabras:545    |    Actualizado en: 01/07/2025

la funeraria, usando la espalda de un catálogo como apoyo. Mi

bre, la puerta se abrió y entraron dos figuras encorva

a pesadamente en un bastón. La señora Vega, con el rostro surcado de arr

ega, su voz rota. "Ricardo no nos contesta el teléf

an. Solo asentí, y en ese simple gesto,

a mantenido contenido por horas. Me derrumbé en los brazos de mi sue

o..." sollozaba ella,

e espasmos. "Debí protegerlo, no

, golpeó el suelo con su bastón. Su rostro, norm

raciado!" su voz retumbó en la pequeña ha

ave en su bolsillo, la fiesta, la publicación en Instagram.

l señor Vega pasaba de la in

, su voz peligrosamente baja. "¿Lo

en

de ese jardín hace dos años! ¡Le pagaba a un jardinero para que revisa

sus ojos llenos de

s dijo la semana pasada? Que iba a empe

e secó las lágri

aban las flores, que quería un jardín lleno de vi

rrible sospecha que empezaba a formarse en mi mente. Esto no

o de rabia. "Esa mujer, esa Sofía... y mi hijo... trajeron l

de mi hijo no fue un accidente trágico, sino un resultado esperado, o peor aú

devastado, una nueva y terrible

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El Precio es La Vida de Mi Hijo
El Precio es La Vida de Mi Hijo
“Mi perfume, un regalo caro de mi difunta abuela, se estrelló contra el suelo de mármol. El ruido fue ensordecedor para lo que parecía ser un simple accidente causado por Pedrito, mi hijo de cinco años, que jugaba con su avión de juguete. Pero Ricardo, mi esposo, apenas levantó la vista de su laptop, y Sofía, su amante sentada a su lado, lanzó una mirada cargada de malicia. "¡Mi perfume! ¡Ricardo, mira lo que hizo tu hijo!" chilló ella. Él arrastró a Pedrito al cobertizo del jardín, un lugar oscuro y polvoriento, prohibido para él. Pedrito era alérgico a las abejas, y Ricardo, para complacer a Sofía, había llenado el jardín de las flores favoritas de ella. Le rogué, le supliqué que no lo hiciera, pero él solo se rió. "Se quedará ahí hasta que aprenda a respetar." En mi desesperación, golpeé la puerta del cobertizo hasta que mis nudillos sangraron. Escuché su voz ahogada: "Mami... me picó una abeja..." Le grité a Ricardo que abriera, que Pedrito estaba teniendo una reacción. Pero él se encogió de hombros, "Está haciendo un berrinche." Sofía se burló, "Siempre tan dramática, Lunita." Cuando la policía y los paramédicos llegaron, solo pudieron confirmar mi peor pesadilla. Pedrito estaba muerto. Y mientras me arrancaban a mi hijo, el hombre que me juro amor eterno, el padre de mi Pedrito, publicó una foto de celebración con su amante. "Felicidades, asesino," le comenté. No me importaron sus amenazas, ni esa estúpida excusa de embarazo que siempre usaba Sofía. En ese momento, mi corazón dejó de latir por el dolor y empezó a latir por la venganza. Yo, Luna, ya no era la misma. Ahora era su peor pesadilla.”
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