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El Precio es La Vida de Mi Hijo

Capítulo 4 

Palabras:609    |    Actualizado en: 01/07/2025

silencio de la funeraria. Miré a mis suegros, sus rostros pálidos b

a y torcida se di

todos. Arrancó cada flor del jardín, selló cada grieta de la casa. No dejaba que

ante en que fuimos una familia, do

te, las precauciones eran 'exageraciones' . El jardín se llenó de ro

eves. Dos veces tuvimos que correr al hospital. Las do

" me dijo con indiferencia la última vez, como si eso fu

ón haciéndose más y más débil, sus pequeños dedos arañando su cuello, la mirada de pánico y confusión en sus ojos mientras su propio cue

funeraria se acer

hemos preparado al n

incapaz

a cubierta con una sábana. Debajo, sabía que la piel de mi hijo toda

ar maquillaje para cubrir las marcas? No quiero que se vea como si hubiera su

aferrarme a ella. Necesitaba creer que podía borrar su dolor, aun

o volvió a sonar. Era Ricardo. Apreté el botón de contes

"Estoy harto de tus juegos. Sea lo que sea que estés haciendo con Pedrito, y

or Vega apretó con tanta fuerza su bast

dije, mi calma era una capa de

na carcaja

ramático y problemático que tu hijo. ¡Tal para cual! De tal palo, t

nuestro hijo yacía a pocos metros de mí, fue tan extrema

sto que le diste a Sofía? Ella es delicada, está embarazada. Podr

Vega no

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El Precio es La Vida de Mi Hijo
El Precio es La Vida de Mi Hijo
“Mi perfume, un regalo caro de mi difunta abuela, se estrelló contra el suelo de mármol. El ruido fue ensordecedor para lo que parecía ser un simple accidente causado por Pedrito, mi hijo de cinco años, que jugaba con su avión de juguete. Pero Ricardo, mi esposo, apenas levantó la vista de su laptop, y Sofía, su amante sentada a su lado, lanzó una mirada cargada de malicia. "¡Mi perfume! ¡Ricardo, mira lo que hizo tu hijo!" chilló ella. Él arrastró a Pedrito al cobertizo del jardín, un lugar oscuro y polvoriento, prohibido para él. Pedrito era alérgico a las abejas, y Ricardo, para complacer a Sofía, había llenado el jardín de las flores favoritas de ella. Le rogué, le supliqué que no lo hiciera, pero él solo se rió. "Se quedará ahí hasta que aprenda a respetar." En mi desesperación, golpeé la puerta del cobertizo hasta que mis nudillos sangraron. Escuché su voz ahogada: "Mami... me picó una abeja..." Le grité a Ricardo que abriera, que Pedrito estaba teniendo una reacción. Pero él se encogió de hombros, "Está haciendo un berrinche." Sofía se burló, "Siempre tan dramática, Lunita." Cuando la policía y los paramédicos llegaron, solo pudieron confirmar mi peor pesadilla. Pedrito estaba muerto. Y mientras me arrancaban a mi hijo, el hombre que me juro amor eterno, el padre de mi Pedrito, publicó una foto de celebración con su amante. "Felicidades, asesino," le comenté. No me importaron sus amenazas, ni esa estúpida excusa de embarazo que siempre usaba Sofía. En ese momento, mi corazón dejó de latir por el dolor y empezó a latir por la venganza. Yo, Luna, ya no era la misma. Ahora era su peor pesadilla.”
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