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El Precio es La Vida de Mi Hijo

Capítulo 2 

Palabras:658    |    Actualizado en: 01/07/2025

funeraria. Estaba sentada en una silla incómoda, mirando el catálogo de ataúdes infantil

tes

ifica tu comentario,

de dolor o preocupación en ella. Al fondo, escuchaba músi

quí, disculpándote con Sofía. La asustaste, ca

de contener la bilis qu

," dije, mi voz sonaba

ro lado de la línea, l

fingir que el mocoso se murió para llamar mi aten

asta, tan profunda, q

que se disculpe con Sofía por romper su perfume y por el be

as por haber golpeado la puerta de la caseta. Un dolor sordo y punzante recorría mis brazos, un recordatorio físico

e rostro cansado, se acercó y me ofreció un vaso

de el cuerpo de mi hijo estaba siendo

an tranquila que me sorprendió a

e shock o de dolor, sino de desconcierto, como

a reír. Una r

estúpido? Es la táctica más patética que se te ha

una tá

fía y yo estamos construyendo una nueva vida, una familia de verdad. No tienes cabida

una risita. Era Sofía. Y luego. un j

éjala. Que h

era melosa, pero

gen borrosa de un feto y el nombre de Ricardo Vega en la esquina superior.

ra la calma del ojo de un huracán. "No

ses de tu teatrito, trae a Ped

divorcio,"

icardo se co

é dij

ivorcio. Te envia

lg

e objeto de plástico y cristal que acababa de cor

No sentí triste

como el acero: Ricardo Vega y Sofía Ram

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El Precio es La Vida de Mi Hijo
El Precio es La Vida de Mi Hijo
“Mi perfume, un regalo caro de mi difunta abuela, se estrelló contra el suelo de mármol. El ruido fue ensordecedor para lo que parecía ser un simple accidente causado por Pedrito, mi hijo de cinco años, que jugaba con su avión de juguete. Pero Ricardo, mi esposo, apenas levantó la vista de su laptop, y Sofía, su amante sentada a su lado, lanzó una mirada cargada de malicia. "¡Mi perfume! ¡Ricardo, mira lo que hizo tu hijo!" chilló ella. Él arrastró a Pedrito al cobertizo del jardín, un lugar oscuro y polvoriento, prohibido para él. Pedrito era alérgico a las abejas, y Ricardo, para complacer a Sofía, había llenado el jardín de las flores favoritas de ella. Le rogué, le supliqué que no lo hiciera, pero él solo se rió. "Se quedará ahí hasta que aprenda a respetar." En mi desesperación, golpeé la puerta del cobertizo hasta que mis nudillos sangraron. Escuché su voz ahogada: "Mami... me picó una abeja..." Le grité a Ricardo que abriera, que Pedrito estaba teniendo una reacción. Pero él se encogió de hombros, "Está haciendo un berrinche." Sofía se burló, "Siempre tan dramática, Lunita." Cuando la policía y los paramédicos llegaron, solo pudieron confirmar mi peor pesadilla. Pedrito estaba muerto. Y mientras me arrancaban a mi hijo, el hombre que me juro amor eterno, el padre de mi Pedrito, publicó una foto de celebración con su amante. "Felicidades, asesino," le comenté. No me importaron sus amenazas, ni esa estúpida excusa de embarazo que siempre usaba Sofía. En ese momento, mi corazón dejó de latir por el dolor y empezó a latir por la venganza. Yo, Luna, ya no era la misma. Ahora era su peor pesadilla.”
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