ercafé, harto de su presencia silenc
s, Lina? ¿Por qué me s
la, sus ojos oscuros me miraban co
erca de ti», di
eté. «Tengo mi vida, mis
su voz no flaqueó. «Per
s. La conversación n
piró hondo y
n he renac
ruido de los teclados, las voces de
de mi propio corazón, m
señal de que estaba mintiend
. Había dolor en sus ojos, un dolor que r
es posible
El matrimonio, los cincuenta años, t
la como si me h
ia y de un miedo que no podía controlar. «No qui
cibercafé, dejando atrás a una Lina q
e im
entonces sabía perfectame
el otro
/0/17470/coverbig.jpg?v=9c86051b457d8131fd486361ca6b7892&imageMogr2/format/webp)