icon 0
icon Recargar
rightIcon
icon Historia
rightIcon
icon Salir
rightIcon
icon Instalar APP
rightIcon

Renacido en el Engaño: El Secreto de Lina

Capítulo 1 

Palabras:296    |    Actualizado en: 27/06/2025

e de la finca en La Rioja era pesado y olía a tie

s, estaba sentada a mi lado, su rostr

, le hice la pregunta que me había c

guna vez m

miró, y en esa breve vacilación encont

rrespondido, un matrimonio que solo fue un

, mi último deseo, fu

ra conocido. Ojalá nu

todo se vo

uz del sol me

ciano, sino en mi habitación de adolescente, con pósteres de fut

no recordaba. Me miré las manos, no había arrugas n

ed tenía una fecha marc

ntes de la S

iocho años

bios, una risa que sonaba extr

gunda oportunidad. Y esta vez,

me casaría co

iviría mi p

Obtenga su bonus en la App

Abrir
Renacido en el Engaño: El Secreto de Lina
Renacido en el Engaño: El Secreto de Lina
“A mis setenta años, en mi lecho de muerte, le hice la pregunta a mi esposa Lina que me había carcomido durante medio siglo: «¿Alguna vez me amaste?». Su silencio fue la respuesta, confirmando cincuenta años de un amor no correspondido, un matrimonio por contrato que me llevó a mi último deseo: «Ojalá nunca te hubiera conocido. Ojalá nunca te vuelva a amar.» Y entonces, todo se volvió negro. Hasta que la luz del sol me golpeó la cara. Abrí los ojos en mi habitación de adolescente: tenía dieciocho años otra vez. El destino me había dado una segunda oportunidad, y esta vez, no cometería el mismo error: no me casaría con Lina Salazar. Pero ella se apareció de nuevo, esta vez transfiriéndose a mi instituto, y empezó a seguirme a todas partes. Mi desconcierto se convirtió en furia cuando, acorralado, ella soltó la bomba: «Yo también he renacido, Roy. Lo recuerdo todo». A pesar de su confesión, mi rabia ardía. Recordaba al otro hombre, a Máximo. Al verlos juntos, riendo y tomados del brazo, mi mundo se desmoronó, confirmando cincuenta años de sospechas y celos silenciosos. «¡Eres una mentirosa!», le grité en plena calle, cegado por el dolor la humillé y me di la vuelta, abandonándola. Destrozado y sin rumbo, huí hacia el sur, a la playa, buscando consuelo en las cenizas de mi madre. «Mamá, ¿por qué duele tanto? ¿Por qué no puedo dejar de amarla?». Mi voz se quebró en un sollozo, y entonces, escuché una voz suave y temblorosa a mi lado: «Porque yo también se lo pedí». Era Lina. Me había seguido.”
1 Introducción2 Capítulo 13 Capítulo 24 Capítulo 35 Capítulo 46 Capítulo 57 Capítulo 68 Capítulo 79 Capítulo 810 Capítulo 911 Capítulo 10