icon 0
icon Recargar
rightIcon
icon Historia
rightIcon
icon Salir
rightIcon
icon Instalar APP
rightIcon

Renacido en el Engaño: El Secreto de Lina

Capítulo 2 

Palabras:415    |    Actualizado en: 27/06/2025

as llamadas de mis amigos para ir

diante mediocre, más interesado

de setenta años, los estudios me

ro: sacar una nota excelente en la Selectividad para entrar en l

ero, un sueño que yo, en mi primera vida, nunca logré cumpli

vital para la bodega, pero estaba decidido a conseguir

cto, una hoja de ruta

el destino, te

entró en mi habitación con

os una cena importante

zón se

unté, tratando de

ara que conozcas a su hija, Lina. E

siado pronto. Se suponía que esto no

ue sabo

azar llegaron, me comport

s rotos. Durante la cena, hablaba con

lanzó una mirada asesina. Yo le sonreí inocentemen

che de juguete y u

as cosas de chicos», dij

adara, que le dijera a su padre que n

no hizo na

z en dos vidas, vi una ca

pequeña pero real, y

on... inesperado

e desconcertado. No era la Lina

aba muy,

Obtenga su bonus en la App

Abrir
Renacido en el Engaño: El Secreto de Lina
Renacido en el Engaño: El Secreto de Lina
“A mis setenta años, en mi lecho de muerte, le hice la pregunta a mi esposa Lina que me había carcomido durante medio siglo: «¿Alguna vez me amaste?». Su silencio fue la respuesta, confirmando cincuenta años de un amor no correspondido, un matrimonio por contrato que me llevó a mi último deseo: «Ojalá nunca te hubiera conocido. Ojalá nunca te vuelva a amar.» Y entonces, todo se volvió negro. Hasta que la luz del sol me golpeó la cara. Abrí los ojos en mi habitación de adolescente: tenía dieciocho años otra vez. El destino me había dado una segunda oportunidad, y esta vez, no cometería el mismo error: no me casaría con Lina Salazar. Pero ella se apareció de nuevo, esta vez transfiriéndose a mi instituto, y empezó a seguirme a todas partes. Mi desconcierto se convirtió en furia cuando, acorralado, ella soltó la bomba: «Yo también he renacido, Roy. Lo recuerdo todo». A pesar de su confesión, mi rabia ardía. Recordaba al otro hombre, a Máximo. Al verlos juntos, riendo y tomados del brazo, mi mundo se desmoronó, confirmando cincuenta años de sospechas y celos silenciosos. «¡Eres una mentirosa!», le grité en plena calle, cegado por el dolor la humillé y me di la vuelta, abandonándola. Destrozado y sin rumbo, huí hacia el sur, a la playa, buscando consuelo en las cenizas de mi madre. «Mamá, ¿por qué duele tanto? ¿Por qué no puedo dejar de amarla?». Mi voz se quebró en un sollozo, y entonces, escuché una voz suave y temblorosa a mi lado: «Porque yo también se lo pedí». Era Lina. Me había seguido.”
1 Introducción2 Capítulo 13 Capítulo 24 Capítulo 35 Capítulo 46 Capítulo 57 Capítulo 68 Capítulo 79 Capítulo 810 Capítulo 911 Capítulo 10