icon 0
icon Recargar
rightIcon
icon Historia
rightIcon
icon Salir
rightIcon
icon Instalar APP
rightIcon

Renacido en el Engaño: El Secreto de Lina

Capítulo 3 

Palabras:324    |    Actualizado en: 27/06/2025

nvirtió en puro horro

mi clas

ntada en el pupitre va

asladado a

na nueva alumna y le dijo que

n una determinación que me heló la sangre,

tio?», preguntó, su vo

mundo no

me hizo

ntí brus

mo de la clase, sentándome junto al chico

a de Lina en mi espa

itos. Empecé a saltarme las clases de la ta

itaba demostrarle que no te

na no s

a seg

y agotado, ella estaba allí, en la grada

me la ofrecía con

a y me iba co

a aparecía y se sentaba en el ordenador de al lado

e, una sombra silenciosa q

mpezaron a h

hica está l

cho, Roy? Parec

rtante. La Lina que yo conocí nunca habría hecho al

aña, una que me asustaba y m

Obtenga su bonus en la App

Abrir
Renacido en el Engaño: El Secreto de Lina
Renacido en el Engaño: El Secreto de Lina
“A mis setenta años, en mi lecho de muerte, le hice la pregunta a mi esposa Lina que me había carcomido durante medio siglo: «¿Alguna vez me amaste?». Su silencio fue la respuesta, confirmando cincuenta años de un amor no correspondido, un matrimonio por contrato que me llevó a mi último deseo: «Ojalá nunca te hubiera conocido. Ojalá nunca te vuelva a amar.» Y entonces, todo se volvió negro. Hasta que la luz del sol me golpeó la cara. Abrí los ojos en mi habitación de adolescente: tenía dieciocho años otra vez. El destino me había dado una segunda oportunidad, y esta vez, no cometería el mismo error: no me casaría con Lina Salazar. Pero ella se apareció de nuevo, esta vez transfiriéndose a mi instituto, y empezó a seguirme a todas partes. Mi desconcierto se convirtió en furia cuando, acorralado, ella soltó la bomba: «Yo también he renacido, Roy. Lo recuerdo todo». A pesar de su confesión, mi rabia ardía. Recordaba al otro hombre, a Máximo. Al verlos juntos, riendo y tomados del brazo, mi mundo se desmoronó, confirmando cincuenta años de sospechas y celos silenciosos. «¡Eres una mentirosa!», le grité en plena calle, cegado por el dolor la humillé y me di la vuelta, abandonándola. Destrozado y sin rumbo, huí hacia el sur, a la playa, buscando consuelo en las cenizas de mi madre. «Mamá, ¿por qué duele tanto? ¿Por qué no puedo dejar de amarla?». Mi voz se quebró en un sollozo, y entonces, escuché una voz suave y temblorosa a mi lado: «Porque yo también se lo pedí». Era Lina. Me había seguido.”
1 Introducción2 Capítulo 13 Capítulo 24 Capítulo 35 Capítulo 46 Capítulo 57 Capítulo 68 Capítulo 79 Capítulo 810 Capítulo 911 Capítulo 10