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Ojos Febriles, Alma Rota

Capítulo 2 

Palabras:1391    |    Actualizado en: 26/06/2025

rgo. Podía imaginar a Valentina Morales, en

asi incrédula. "¿Tu obra maestra? ¿El bebé que tuviste con Sof

serio. Alguien con dinero rápido y sin pregun

o por El Faro era una fortuna.

te consigo al Papa. Pero esto tiene un precio, Mateo. Quier

a. Era el contrato de mi vida.

dije si

e que pudiera

raíz. Necesitaba dinero, liquidez, para desaparecer. Para ejecutar la cláusula, necesitaba pruebas. Pero para mi propia pa

bandeja con dos copas de vino. Su ros

un error de juicio. Estaba emocionada por el arti

estaba fija en la pan

mesa. Vio la carpeta de "El

stás ha

baja

egó una pequeña caj

rsario", dij

delo Calatrava. El que había admirado en una revista

", empecé

nada. Eres mi centro, mi hogar. Lo de Leo... es una distracción estúpid

entos de veces. Pero ahora sonaban huecas, como un eco en una casa va

"Gracias por el r

Saqué una pequeña caja envuelta e

n tengo al

siasmo. Dentro había u

e?", pregunt

o trabajando. Una sorpresa. Pero no lo a

i aparente calma. Me abrazó. "Te haré la cena

a, mi teléfono vibró. Un men

No es solo arte

rma. No la

la pantalla era "Leo". Ella lo cogió rápidamente, pero no antes de que yo viera cómo su pul

usurró al tel

pregunté, mi

número eq

z. Y otra vez. La vibración era un in

", le dije. "Par

lo

testas, lo

almente, contestó, poniendo el altavoz

grito desesperado. "Estoy en el puente. Si no vienes, vo

Estoy con mi marido", dij

¡Yo te adoro! ¡Yo te hice in

voz era hielo. "Ve. T

uedo aquí

se estaba levantando, cog

acia la puerta. "Es solo para

que la puerta se

la cena a medio comer. El vi

Luego tomé las llaves

. Él no estaba allí. Estaba esperándola junto a s

o. Ella no me vio. Estaba demasiad

casa.

después, e

forzando una sonrisa. "Era

n",

ir a la cama.

l Banco Patagonia", le dije. "Es a las nueve en punto

amor. Por

enida 9 de Julio. El tráfico era un infierno. Yo re

ono sonó

a vandalizar el Obelisco y alguien llamó! ¡Tienes que s

e apoderó d

lo sient

ofía. La reunión es

l. Los coches detrás de nosotros

os desorbitados. "¡Lo siento! ¡N

no había duda. Su e

l caos del tráfico. Ella aceleró, ha

, mientras los coches me esquivaban. Perdí el contr

locura de la situación. Usé un contacto para rastrear su teléfono.

, parecía agotada. Se acercó

gresado. Necesitaba asegur

mandíbula, parcialmente oculto por el cuello de su blusa,

. Se llevó la mano al

ue... fue un momento de debilidad.

o mis pies. El dolor era físico, una pre

pulso me llevó a seguirla de nuevo. La vi entrar en u

y me senté en u

e la pista, la vi. Bai

garradora. Sus cuerpos se movían como uno solo. La forma en que é

donó por un bailarín más joven, destruyendo su carrera y su espír

ando la tragedia d

crilegio

e había transformado en un frío glacial. Y

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Ojos Febriles, Alma Rota
Ojos Febriles, Alma Rota
“Mateo Rojas, un arquitecto con una vida aparentemente perfecta, cimentó su matrimonio de cinco años con Sofía en una promesa inquebrantable: lealtad absoluta. "El Faro", nuestro majestuoso edificio Art Decó, era el símbolo de nuestra unión inexpugnable. Pero en nuestro quinto aniversario, al ir a su galería para una sorpresa, mi mundo se desmoronó al descubrir una escultura hiperrealista de Sofía, desnuda, obra de Leo, el artista callejero obsesivo que ella defendía. El shock no fue la ofensa, sino el orgullo radiante en sus ojos al ver su propia profanación. Desde ese instante, mi vida se convirtió en una pesadilla. Los ojos febriles de Leo acechaban en mi estudio, Sofía abandonaba citas cruciales -incluso me dejó tirado en una avenida, costándome el contrato de mi vida- para calmar las crisis manipuladoras de su "musa". Un chupetón en su cuello y un tango íntimo en una milonga clandestina, el baile que destruyó a mi padre, confirmaron la cruda realidad de su traición. ¿Cómo pudo pisotear nuestra promesa, profanar nuestro santuario e incurrir en cada una de mis peores pesadillas? El asco se apoderó de mí. La traición no era solo física; era la destrucción de mi identidad, mi legado y mi alma. Pero la rabia silenciosa me dio claridad. Recordé la cláusula de infidelidad en el acuerdo de "El Faro". Con una frialdad inusitada, contacté a mi vieja rival, Valentina Morales, para vender el edificio, sacrificialmente, a un fondo de Dubái. Me iría, sí, pero mi desaparición sería el primer acto de una venganza meticulosamente orquestada.”
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