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Ojos Febriles, Alma Rota

Capítulo 1 

Palabras:846    |    Actualizado en: 26/06/2025

ormances eran cada vez más extrañas. La última vez, se colgó boca abajo de

Buenos Aires lo llamaba una "leyenda

s, no lo veía así. Ella era una influyente

mesa: lealtad absoluta. Ambos veníamos de familias rotas por la infidelidad. Odiábamos la traición más que nada en el mundo. Nues

r de diamantes que ella quería desde hacía meses. F

errada. Extraño. Us

na cortina negra cubría la sala trasera.

ra un puñado de críticos y coleccionistas. Y en el centro d

a hiperrealista

galé en nuestro primer aniversario, colocado estratégicamente sobre su pelvis.

oleada d

e los críticos más famosos de la

rri tiene un don para captu

artista

rás de la cortina. Mi sorpresa se

a sala con una sonrisa radiante.

no

su voz llena de orgullo. "Es l

lla de su réplica de yeso con una de

mi esc

iraron hacia mí. El si

Sofía, su sonri

ua, luego la miré a ella. Ella n

amor", dijo en voz

hueca. "¿Desde cuándo

ir de fotos, de la observac

irse entre nosotros. Me di la vuelta y me fui. Cerré la puerta de la galería detrás

eo, e

tentó hablar, pero yo no podía escucharla. Fui a mi e

o. Un par de ojos. Los ojos de Sofía. Pintados con una intensidad fe

e

gado en nuestro e

al horrible en una pared de San Telmo. Ella se detuvo. "Hay algo e

sa, en mi estudio, en la forma desnud

ropiedad que firmamos. Lo había redactado un abogado, pero yo insistí en una cláusula. Una cláusul

áusul

s partes, la propiedad total e indiscutible del inmueble co

a. "Tú y yo, Mateo, somos a prueba de esto. Sa

un sabor ama

ecta. Mi rival más feroz, pero la única person

ina Mo

dos v

voz era cortan

a. Soy Ma

debo el honor? ¿Te quedaste si

su sa

vor. Necesito que encuentres

dor para qu

El F

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Ojos Febriles, Alma Rota
Ojos Febriles, Alma Rota
“Mateo Rojas, un arquitecto con una vida aparentemente perfecta, cimentó su matrimonio de cinco años con Sofía en una promesa inquebrantable: lealtad absoluta. "El Faro", nuestro majestuoso edificio Art Decó, era el símbolo de nuestra unión inexpugnable. Pero en nuestro quinto aniversario, al ir a su galería para una sorpresa, mi mundo se desmoronó al descubrir una escultura hiperrealista de Sofía, desnuda, obra de Leo, el artista callejero obsesivo que ella defendía. El shock no fue la ofensa, sino el orgullo radiante en sus ojos al ver su propia profanación. Desde ese instante, mi vida se convirtió en una pesadilla. Los ojos febriles de Leo acechaban en mi estudio, Sofía abandonaba citas cruciales -incluso me dejó tirado en una avenida, costándome el contrato de mi vida- para calmar las crisis manipuladoras de su "musa". Un chupetón en su cuello y un tango íntimo en una milonga clandestina, el baile que destruyó a mi padre, confirmaron la cruda realidad de su traición. ¿Cómo pudo pisotear nuestra promesa, profanar nuestro santuario e incurrir en cada una de mis peores pesadillas? El asco se apoderó de mí. La traición no era solo física; era la destrucción de mi identidad, mi legado y mi alma. Pero la rabia silenciosa me dio claridad. Recordé la cláusula de infidelidad en el acuerdo de "El Faro". Con una frialdad inusitada, contacté a mi vieja rival, Valentina Morales, para vender el edificio, sacrificialmente, a un fondo de Dubái. Me iría, sí, pero mi desaparición sería el primer acto de una venganza meticulosamente orquestada.”
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