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99 Veces de Traición: No te Perdonaré más

Capítulo 5 

Palabras:411    |    Actualizado en: 23/06/2025

de plazo estaba a punto de terminar, son

a finca, en la tienta. Dice que se va a tirar dela

de siempre. El mi

ma que la descolocó. "Llame a

que solo tú puedes salvarlo! ¡Por favor,

de mí, una parte estúpida y residual de la antigu

s y me acerqué a pie, cojeando, escondiéndome entre

estaba de pie en el centro de la arena, con una botella de bra

Mi vida se acabó sin ell

igos, creyendo que nadie más lo oía.

mpre funciona. Llorará, me suplicará que no lo ha

última brasa de compasión que quedaba

condite y ent

de triunfo cruzó su rostro. Abrió los brazos,

mi amor, ha

sin prisa. No l

eles del divorcio. Ya estaban firmados por mí. Los puse sobre la mesa, justo

ije. Mi voz era f

Miró los papeles, luego a

. qué e

ad", respondí

rta, por primera vez en su vida, sin

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99 Veces de Traición: No te Perdonaré más
99 Veces de Traición: No te Perdonaré más
“Fui Isabella, una bailaora de flamenco aclamada. Perdoné a mi esposo Mateo 99 veces por sus infidelidades, siempre corriendo tras él cuando amenazaba con saltar de un puente. La prensa me apodó "La Santa de los Cuernos". Pero la infidelidad número 100 fue diferente. Mateo me anunció que una cantante de reggaeton era su nueva "musa definitiva", tachando mi flamenco de "arte moribundo". Enfurecido, me empujó violentamente, rompiéndome el tobillo y destrozando mi carrera profesional para siempre. En el hospital, la sentencia fue cruel: no volvería a bailar. Mi identidad como bailaora murió. Mateo, simplemente, me abandonó en el suelo. La humillación pública fue total: me reemplazó con su amante al frente de mi tablao y ambos destruyeron mi legado con su vulgar "Flamencotón". ¿Cómo pude vivir en esa farsa? La "santa" finalmente se hartó. Cuando Mateo intentó su patética táctica de chantaje con un falso suicidio, creyendo que volvería, no sentí ni miedo ni compasión. La última chispa de todo lo que fuimos se extinguió, revelando una indiferencia absoluta. Con una calma gélida, le entregué los papeles del divorcio ya firmados, sellando su sentencia. Con esa libertad y la indemnización, abrí mi "Escuela de Flamenco Isabella", renaciendo. Él, en cambio, se sumergió en la ruina. Hoy, mi verdadera victoria no es el odio, sino la más pura indiferencia.”
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