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Hasta que la Muerte nos Separe

Capítulo 3 Capitulo 3

Palabras:1179    |    Actualizado en: 14/03/2025

mo si el mismo ambiente intentara consolar a Valeria. Pero ella no podía sentir consuelo alguno. Se encontraba en el centro de la habitación, mirando con fije

das vocales. Sus ojos, antes chispeantes y llenos de vida, ahora se encontraban opacos, inunda

onunciada por su madre, golpeaba como un martillo en su corazón, resquebrajándolo en mil pedazos. La so

nas, y una sensación de entumecimiento se apoderó de sus extremidades. Sus manos estaban frías y rígidas, aferrada

ada bocanada de aire era un esfuerzo doloroso, como si sus pulmones se negaran a seguir funcionando. Una lágrima solit

rzas que todo fuera un sueño, una pesadilla de la que despertaría en cualquier momento. Pero la voz de

comprensión, ahora reflejaban una mezcla de emoción y determinación. Ella no entendía su dolor, no compr

aría a escapar de este destino cruel. Pero en lo más profundo de su corazón, una

ápido? -indagó Valeria buscando una

futuro está asegurado si aceptas este compromiso -dijo su m

ue apenas conocía? El hecho de que su madre hubiera llegado a este punto la llenaba de furia, pero sobre todo, de tristeza. Sabía lo que significaba: la obediencia, la

, mamá. No lo conozco, ¿no tengo d

an en conjunto, pero en la mayoría de los casos, esas decisiones solo implicaban los deseos y expectativas de su familia. En este caso, era el deseo de su madre de

, su rostro sereno, pero con un

uestra deben mantener el honor, y tú... tú eres la pieza que ayuda a eso. El matrimo

e las generaciones que habían sacrificado sueños por cumplir con las expectativas impuestas por la socie

oy una pieza para colocar en un tablero de ajedrez,

spondió de inmediato. En cambio, se acercó lentamente, con la c

una imposición, con el tiempo, puede convertirse en algo que nos da fuerza. El amor, el respeto, la familia... todo e

enzaba a inundar su ser. Se apartó un poco del abrazo, mirando a su madre a

mamá? ¿Qué pasa si no soy

sopesando sus propias palabras. Al final, l

cil, y el camino, más largo. Pero lo re

iempo, comenzaba a comprender que, de alguna manera, tenía razón. La sociedad esperaba ciertas cosas de ella, y si no las cumplía, las

lejos podría llegar luchando contra todo esto? La pregunta persistía, pero algo dentro de ella comenzaba a aceptar que, quizás, solo quizás, la aceptación no signif

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