Hasta que la Muerte nos Separe
laba con el murmullo bajo de las conversaciones que se desarrollaban por todo el lugar. Valeria sentía como si cada respiración la atrapara en una red invisible de expe
a más ensordecedor que cualquier conversación. La presión sobre sus hombros, sobre ambos, era tan grande que sentía que cada gesto, cada mirada, tenía que ser calculada. Los roles so
gar. El padre de Valeria, un hombre corpulento de carácter severo, y la madre de Nicolás, una mujer imponente y elegante, intercambiaban
lado, la observaba con atención, como si pudiera leer cada pensamiento en su mente. Sabía que las expectativas sobre e
una sonrisa perfecta, aunque sus ojos mostraban algo más: vigilan
n la amargura que sentía en su pecho. Alzó la vista hacia Nicolás, esperando que él dijera algo, algo que pudiera romper la mo
la boda, los elogios sobre la herencia de ambos linajes y las preguntas sobre la vida profesional de Nicolás. Cada palabra pareciera ser un
a palabra a Nicolás, su voz su
ecisión de este compromiso? Sabemos
en su garganta. ¿Por qué su madre no dejaba de enfatizar que todo esto
vitó la de Valeria. Hizo un gesto con la mano,
o no solo es un paso importante, sino una oportunidad de fortalecer
s palabras. No era amor lo que sentía por ella. Era algo mucho más pragmá
profunda y autoritaria, impregnada de esa seguri
Lo que ambos representan no solo es el éxito, sino la tradición. Nos
sto desde el principio. No podía escapar de ello, y en ese momento, entendió que los sueños que había tenido de ser algo más que u
ue aceptaba su papel en esa gran obra familiar. Valeria levantó la vista hacia los ojos de Nicolás. En ellos v
per el delicado equilibrio en la mesa. A lo mejor, más adelante, encontraría la forma de ser libre, pero no hoy. Hoy,
z de seguir el camino
su alma, pero también fue un acto de supervivencia. Por el momento, tenía que aceptar lo que se le daba. Aun