Hasta que la Muerte nos Separe
por la ventana sin realmente ver nada. Su mente estaba nublada por la confusión, y sus pensamientos se atropellaban entre sí, como un torrente imposible de deten
vidad en la voz que rara vez utilizaba. La última vez que le había hablado de esa manera había sido cuando V
qué era. Se levantó lentamente del sofá, caminó hacia la mesa del comedor, donde su madre ya había
aleria, sin ocultar la curiosidad y l
de ternura y determinación, y sin
familia. -Valeria sintió cómo su corazón latía más rápido, como si una presión invisible comenzara a envolver su pecho. Sabía que sus padres t
ia, con una mezcla de miedo y de
tes de continuar, como si la noticia
se más pequeña, el aire más espeso. Nicolás Rivas. Ese nombre no le decía nada. Nunca había oído hablar de él, nunca lo había v
era él? ¿Por qué ella no había tenido ni voz ni voto en la elección? ¿Cómo podía ser que sus padres
omprometida con él? ¿Cuándo pasó esto? -su voz sonaba casi qu
mpre, como si nada fuera extraño en esa convers
na posición económica sólida. Los dos podréis lograr grandes cosas juntos. Es lo mejor para nuestra famil
trascendental, como si ella fuera simplemente una pieza más en el tablero de ajedrez familiar? Sus manos temblaban al sostene
co más de lo que normalmente lo haría. Su madre la miró
a todos. Nicolás es un hombre con una familia que ha demostrado ser confiable, y además, tiene buenos
taban, que el amor no era necesario. El futuro de su vida ya estaba trazado, incluso sin su consentimiento.
í, ni qué espero yo de él. -Su voz temblaba de frustración-. ¿Por qu
ncredulidad, como si no pudiera comprender
mpre sucede con estas cosas. Los sentimientos se cultivan, querida. Y si hay algo que te puedo asegurar, es que esto será lo mejor para ti.
hablaba como si ella fuera una niña que necesitaba ser guiada, pero Valeria ya no era una niña. Era una joven adu
hombre que no conozco, que nunca elegí. -Las lágrimas comenzaron
ra lo que Valeria pensaba, pero tam
es al principio. Pero el matrimonio es un compromiso, un de
s la aplastaba. "El deber", pensó. ¿Acaso el deber podía ser m
ía despertar. Mientras su madre continuaba hablando de las bondades del matrimonio con Nicolás, Valeria solo