Hasta que la Muerte nos Separe
adir el pensamiento durante días, sumergida en sus rutinas diarias, como si el encuentro no fuera a ocurrir nunca. Pero allí estaba,
saldrá bien -dijo su madre, mientras le ajustaba el cabello frente al espejo con una
rente a su destino como lo era ella misma? ¿Habría alguna posibilidad de encontrar algo en común, aunque
Un hombre de estatura media, con el cabello oscuro y bien cuidado, que parecía tan formal y distante como la situación misma. Su r
con una sonrisa forzada, como si todo fuera part
e saludo. No era una sonrisa, ni una expresión cá
n voz firme, pero sin la calidez que uno e
e casaría, pero no sentía ninguna conexión, ni el más mínimo destello de familiaridad. Era como si él fuera un completo desconocido,
z más apagada de lo que hubiera querido. No podía
ir. Los padres de Valeria observaban la escena con una satisfacción que Valeria no compa
cómo sus padres habían hablado sobre los arreglos, y cómo todos los detalles ya estaban establecidos. Valeria escuchaba, pero su me
evio aviso, Nicol
ti con gran admiración -dijo, mientras miraba a Valeria con una
No podía ser. Hasta ese momento, ella había sido solo un nombre, una promesa, algo sobre lo
corto y distante, como un refl
uperficiales, como los viajes familiares y los intereses comunes, pero cada palabra parec
hispa de verdadera emoción en su voz. No había calor en su presencia, ni rastro de una sonrisa genuina que aliviara la atmósfera tensa que los rodeaba
notado antes: un atisbo de inseguridad. Fue un destello fugaz, tan rápido que Valeria dudó si lo había imaginado. Pero en ese momento, algo cambió. Aunque la distancia
. ¿Estaba sugiriendo un respiro entre tanta formalidad? Pero entonces recordó: no había espacio para la espontaneidad en esta v
mente de la silla. Al hacerlo, observó que Nicolás
on por el sendero de piedra, con las manos entrelazadas con una falsa cordialidad. El silenc
-dijo Valeria, respirando
alándole una pequeña sonrisa
o amable, estaba construido sobre una base de incertidumbre. No se conocían, no sabían nada el uno del ot
silencio un momento,
que volvamos
ria-. Pero me alegro de haber
uno de los dos había elegido, pero que, d