La Venganza del Magnate
almente, después de haber aceptado la propuesta de matrimonio que cambiaría no solo su vida, sino también el destino de su familia. La mansión de Alejandro era tan majestu
n el mismo aire de control y d
rás, había compartido sus sueños, su amor, y su peor error. Alejandro había sido el hombre que la había hecho sentir viva y deseada, pero también el que había destrozado su confianza. Y ahora, a pesar de todo lo
o de pie al final del pasillo, su figura alta y esbelta, su presencia dominante. Su mirada era
a, no podía verlo de esa forma. Pero en ese momento, lo que dijera o pensara no im
era incómoda. Caminó hacia ella con pasos largos y decididos, su traje oscuro perfectamente ajustado a su cuerpo, s
de fachada, Valentina. Esto será real. Todo lo que nec
había sido ambiguo en sus intenciones, pero ahora estaba siendo directo, y eso no hacía más que
o a sí misma-. No quiero que pienses que esto es algo que yo haré con gusto. Estoy a
fracción de molestia. Alejandro
Y, por supuesto, si decides ser tan testaruda como siempre, tendré que tomar medidas. Las opciones s
a de frustración y miedo. Ya no era la mujer que había sido antes, la mujer que amaba sin reservas
lejandro? -le preguntó, sin poder ocultar la
su mirada, aunque solo fuera por un segundo. Luego, como si se hubiese de
y dentro de poco, traeremos al mundo a tu hijo. Esto no es solo un matrimo
o implicaba compartir una vida en común, sino también traer al mundo un hijo. Alejandro necesitaba un heredero, y ella había ace
servándola, juzgándola por la decisión que había tomado. La mansión de Alejandro había sido
era leyéndole la mente. Su tono no era de reproche, sino más bien una advertencia, una r
sin saber a ciencia cierta cómo se desarrollaría. Estaba atrapada. Pero a lo largo de su vida, había aprendido que en este
omiso más allá de lo que Valentina había imaginado. No solo sería un cambio en su vida, sino también en su forma de ver al mundo. Ya no estaba tan
boda será pronto, y tú estarás lista para todo lo que viene. Desde
dibujaba ante ella, como si una sombra oscura estuviera acechando desde las esquinas de su mente. Todo estaba ca
ismo de la incertidumbre. ¿Qué le deparaba el futuro ahora? ¿Podría soportar lo que se venía? ¿Sería capaz de en
ero ahora, Valentina no t