El cielo la mandó, el infierno la obedeció

El cielo la mandó, el infierno la obedeció

Harmonia Thong

Moderno | 1  Cap./Día
3.5
calificaciones
213.9K
Vistas
200
Capítulo

Eliana se reunió con su familia, ahora devastada por circunstancias implacables: su padre estaba encarcelado, su madre gravemente enferma, sus seis hermanos abatidos y una hija falsa que había huido en busca de mejores oportunidades. Todos se burlaban de su desgracia. Pero, bajo su mando, Eliana convocó al Sindicato Onyx. Las barras se abrieron, la enfermedad desapareció y sus hermanos se levantaron: uno volvió a caminar, otros triunfaron en los negocios, la tecnología y el arte. Cuando la sociedad se burló de la "chica pueblerina", ella reveló que era una doctora prodigiosa, una pintora famosa, una hacker prodigio... En resumen, una reina oculta. Un poderoso magnate la abrazó con firmeza. "¿Una pueblerina? ¡Ella es mi prometida!". Eliana lo miró con desdén y objetó: "Ni en sueños". Decidido, él juró nunca dejarla ir.

Protagonista

: Eliana Murray y Tristan Pearson

El cielo la mandó, el infierno la obedeció Capítulo 1 Vendida

Un dolor punzante en la cabeza hizo despertar a Eliana Murray, quien sintió una extraña presión en la entrepierna.

Abrió los ojos de golpe y su mirada, fría y afilada, se clavó en dos mujeres de mediana edad. Una de ellas la sujetaba por los pantalones, mientras la otra luchaba por abrirle las piernas.

"Si vuelven a tocarme, se arrepentirán", dijo Eliana, y, sin pensarlo, lanzó una patada al pecho de la mujer más corpulenta.

El impacto la hizo retroceder hasta que cayó al suelo con un golpe seco y un quejido de dolor.

"¡Ay! ¡Maldita perra, cómo duele!", gritó, encogiéndose.

La otra mujer soltó los pantalones de Eliana y se apresuró a ayudar a su compañera a levantarse.

Eliana intentó abalanzarse sobre ellas, pero se detuvo en seco al sentir la áspera soga que le mordía las muñecas. Tenía las manos atadas con fuerza.

Maldición. ¿Dónde diablos estaba? Recordaba haberse dormido en casa de su madre adoptiva... ¿cómo había terminado en ese lugar?

Su mirada recorrió el lugar. Estaba encerrada entre paredes podridas, con una puerta asegurada por un cerrojo oxidado. Un único hilo de luz se filtraba por una ventana agrietada en lo alto.

La mujer robusta, ya de pie con la ayuda de su compañera, le gritó a Eliana: "¡Perra! ¡Te partiré la cara por esa patada!".

Alzó la mano para golpearla, pero la otra mujer le sujetó la muñeca.

"No le toques la cara. Pagaron treinta mil por ella, y con esa cara bonita podemos sacar el doble".

Un lento bufido escapó entre los dientes de la mujer robusta mientras bajaba el brazo. "Le dimos suficiente sedante como para tumbar a un caballo. No entiendo cómo se despertó tan rápido. Como sea, al menos está consciente para la revisión".

Eliana entrecerró los ojos y preguntó: "¿Qué revisión?".

"Pagaron treinta mil, y parte del trato es comprobar si sigues siendo virgen", respondió la mujer robusta.

A Eliana se le revolvió el estómago. ¿Acaso esas lunáticas querían comprobar si era virgen? ¡Qué ridículo! No tenían ni idea de con quién se estaban metiendo. Ella no era una don nadie a la que pudieran pisotear a su antojo.

En Eighvale, Eliana era la reina del mercado negro; una sola palabra suya bastaba para destruir a cualquier estúpido que se atreviera a desafiarla.

Eliana soltó una risa fría. Sus ojos afilados brillaron mientras forcejeaba con la soga, intentando ganar tiempo.

"¿Treinta mil? ¿Quiénes son ustedes?".

Su viaje a la aldea de Udrerton no había sido más que una pérdida de tiempo. Había dejado todo en Eighvale al enterarse de que su madre adoptiva, Janessa Holt, estaba gravemente enferma. ¿La realidad? Era un simple resfriado.

Había planeado marcharse a la mañana siguiente. En lugar de eso, despertó atada a una silla en un cobertizo en ruinas.

La mujer robusta se agachó, sujetó el tobillo de Eliana y dijo con desdén: "Janessa te vendió. Coopera y tal vez te consigamos un buen hombre. Si te niegas, te arrojaremos con cualquier viejo solitario que no ponga peros".

"¿Janessa las contrató para venderme?", preguntó Eliana, incrédula, como si acabara de escuchar el chiste más absurdo de su vida.

Tenía tres años cuando Janessa la recogió de un camino polvoriento. Desde entonces, la exhibía como su "hija adoptiva", aunque todos sabían que en realidad la criaba para casarla algún día con Neal Holt, su hijo biológico.

Sus primeros recuerdos eran de tareas interminables, manos llenas de rasguños y un cansancio que le calaba hasta los huesos.

Decidida a escapar, aprendió cuanta habilidad pudo. A los doce años, ya tenía los medios para marcharse, y nunca más volvió.

Aun así, nunca olvidó la deuda que sentía por el techo que le habían ofrecido.

Por eso, el primer día de cada mes, le enviaba a Janessa una suma considerable de dinero. La cantidad total que le había dado a su madre adoptiva podría haber comprado ya varias propiedades de lujo en cualquier ciudad importante.

Solo había vuelto ahora porque creyó que Janessa estaba en su lecho de muerte, y quería hacerle una última visita.

La realidad era más miserable de lo que jamás imaginó: la habían vendido por treinta mil como si fuera una vaca.

Ahora entendía por qué Janessa la recibió con sonrisas y palabras dulces.

Había creído, tontamente, que la mujer había cambiado. En realidad, Janessa solo la estaba atrayendo a una trampa.

Sus subordinados le advirtieron que no pisara Udrerton. Debió haberles hecho caso, porque en la familia Holt no había ni un alma decente.

Eliana tensó cada músculo con un único objetivo. Las cuerdas cedían, sus dedos arañaban los nudos y la libertad estaba casi a su alcance.

Respiró hondo y dijo con tono deliberadamente incrédulo: "Están locas. Janessa nunca me vendería. Se supone que soy su futura nuera".

Una de las mujeres soltó una carcajada. "¿Su nuera? Llevas demasiado tiempo fuera. Su hijo Neal está a punto de casarse con la hija de un magnate. Ahora su familia nada en dinero. ¿Para qué te querría?".

Aferrando con más fuerza el tobillo de Eliana, la otra mujer espetó: "¡Deja de moverte y abre las piernas! Tenemos que confirmar si todavía eres virgen. Si no lo eres, no pagaremos el resto. Y ni se te ocurra oponer resistencia. Si por accidente te rompemos el himen, la que pagará las consecuencias serás tú".

Eliana esbozó una sonrisa lenta y peligrosa. "Ahora veremos quién paga las consecuencias".

En ese instante, la soga se soltó de sus muñecas. Se abalanzó hacia adelante, agarró a la mujer robusta por el cuello y la levantó en el aire.

La mujer se retorcía de pánico, pero sus dedos no lograban aflojar el agarre de Eliana. Su rostro palideció, para luego tornarse de un rojo intenso. Sus labios comenzaron a adquirir un escalofriante tono azulado.

La otra mujer se lanzó hacia ellas, pero Eliana le soltó una patada en el costado sin perder el equilibrio.

El golpe la arrojó contra la pared y, con una tos húmeda, escupió sangre que le manchó la barbilla.

Aun con el dolor, encontró la voz para gritar: "¡Alguien! ¡Ayuda!".

Dos hombres fornidos irrumpieron por la puerta con garrotes y luego atacaron a Eliana sin dudarlo.

Ella arrojó a un lado a la mujer robusta y, con un movimiento de manos más rápido de lo que ellos pudieron seguir, atrapó ambos garrotes en el aire.

Los hombres se quedaron paralizados, sorprendidos por su velocidad.

No tuvieron tiempo de reaccionar antes de que las patadas de Eliana los dejaran tendidos en el suelo, con las extremidades torcidas e inmóviles.

En ese momento, la mujer robusta que Eliana había arrojado antes intentó sorprenderla por la espalda, creyendo tener la ventaja.

Pero en cuanto se acercó lo suficiente, Eliana se giró y la noqueó con un certero golpe del garrote.

Diez minutos después, la joven salió del cobertizo en llamas. La intensa luz del sol la obligó a entrecerrar los ojos.

Alzó una mano para bloquear el resplandor, ignorando los gritos débiles y desesperados que provenían del interior.

No miró hacia atrás ni una sola vez. Su atención estaba fija en la residencia de los Holt, justo frente a ella.

Los traficantes de personas no merecían piedad.

Y después de esto, los Holt pagarían por todo.

Aceleró el paso cuando unas voces resonaron a lo lejos.

"¡Fuego! ¡Que traigan agua!".

Las llamas habían atraído a los aldeanos, que corrían con cubos llenos de agua.

Envuelta en el abrigo que le robó a una de las mujeres, Eliana mantuvo la cabeza gacha y se escabulló entre la multitud, moviéndose en contra de la frenética corriente.

No tardó en llegar a la casa de los Holt.

Derribó la puerta de una patada, levantando una nube de polvo, pero en cuanto entró se dio cuenta de que el lugar estaba vacío.

"Vaya que saben correr", murmuró, mientras una fina sonrisa se dibujaba en sus labios.

No importaba dónde creyeran que podían esconderse. Los rastrearía hasta el último rincón del planeta.

La deuda que una vez sintió ya no existía; ahora era el momento de ajustar cuentas. Ni Janessa ni Neal saldrían ilesos.

Con el rostro duro, Eliana avanzó hacia la que fue su habitación de niña: un cuartucho sofocante habilitado en un armario, cargado de calor y del hedor a moho.

Efectivamente, tanto el pequeño bolso que había traído como el teléfono que guardaba bajo la almohada habían desaparecido. Dentro de ese bolso no había nada de valor, solo su licencia de conducir.

Aun así, perderla haría que volver a Eighvale fuera mucho más complicado.

Eliana apartó el pensamiento por el momento. Supuso que podría encontrar un teléfono en el pueblo y llamar a su gente para que vinieran a buscarla.

Tenía la mano en la puerta cuando unos pasos apresurados resonaron desde el exterior, acercándose a la casa.

Frunció el ceño un instante, y luego esbozó una sonrisa afilada. Debían de ser los Holt, volviendo antes de lo previsto.

Sus ojos recorrieron la habitación hasta posarse en una hoz que estaba apoyada contra la pared, detrás de la puerta. La empuñó con determinación.

La figura que la esperaba al otro lado de la puerta no era ninguno de los Holt. Frente a ella había un joven de unos veinte años que no reconoció.

Su traje estaba hecho jirones, tenía las mejillas cubiertas de barro y el cabello revuelto por el viento. Detrás de él, una bicicleta oxidada se sostenía sobre su pata de cabra.

Manteniendo la hoz oculta a un costado, Eliana preguntó: "¿A quién buscas?".

El hombre se dio la vuelta, sobresaltado, y se quedó helado al verla.

Cuando sus ojos se posaron en ella, se abrieron de par en par. Ella vio la incredulidad apoderarse de él, seguida de una intensa emoción: las lágrimas rodaron por sus mejillas sucias.

"¡Lia! ¡De verdad eres tú! ¡Lia!", gritó, corriendo hacia ella con desesperación.

Se detuvo en seco, a un paso, cuando la hoja de la hoz le apuntó directamente.

Un movimiento más y le cortaría la garganta.

Seguir leyendo

Quizás también le guste

Cicatrices de traición: La heredera que intentaron borrar

Cicatrices de traición: La heredera que intentaron borrar

Elfreda Allaway
5.0

Mi esposo, un respetado capitán de policía, paralizó el tráfico de la ciudad con un retén falso solo para encontrarme. Llevaba tres días desaparecida, huyendo de su frialdad. No me pidió perdón. Me confiscó la identificación, me arrastró a su camioneta y me encerró en nuestra casa. Esa noche, intentó embarazarme a la fuerza, alegando que un bebé "arreglaría nuestros problemas". Pero minutos después, pegada a la puerta, escuché su voz. No el tono duro que usaba conmigo, sino uno lleno de devoción y súplica: "Tranquila... sé que duele. Mañana iré a verte, lo prometo". Le hablaba a un contacto guardado como "A". Al día siguiente, descubrí la verdad. "A" era Azahar, su hermanastra. Encontré fotos antiguas: él sosteniendo su mano en el hospital con una reverencia enfermiza, miradas de "almas gemelas" y mensajes ocultos. Comprendí con horror que yo nunca fui su esposa; solo fui la coartada "normal" para ocultar su obsesión incestuosa por ella. Esa noche, teníamos una cena familiar importante. Me presenté vestida de negro riguroso, como una viuda llorando a su muerto. Balanza, intentando mantener la fachada, anunció sonriente a todos: "Daga y yo tenemos noticias. Estamos intentando tener un bebé". Dejé caer los cubiertos sobre la porcelana. El estruendo silenció el restaurante. Lo miré a los ojos, sosteniendo mi copa de agua con una calma letal. "¿Ah, sí?", pregunté para que todos escucharan. "¿O solo estás buscando un vientre de alquiler mientras consuelas a tu hermanastra por mensaje bajo la mesa?"

En la Cama de su Hermano: Mi Dulce Venganza

En la Cama de su Hermano: Mi Dulce Venganza

SoulCharger
5.0

Lucero creía vivir el sueño de una heredera protegida por su marido, Julián Real, hasta que el silencio de la mansión se convirtió en el eco de una traición despiadada. Ella pensaba que su matrimonio era un refugio para salvar el legado de su padre, sin imaginar que dormía con el hombre que planeaba su ruina. De la noche a la mañana, el velo se rasgó: descubrió que Julián no solo esperaba un hijo con su amante, la estrella Serena Filo, sino que su unión fue una maniobra calculada para saquear la empresa familiar y dejarla en la calle. Su vida perfecta se desmoronó cuando se dio cuenta de que cada beso y cada promesa habían sido parte de una estafa corporativa. La caída fue brutal; Lucero pasó de ser la respetada esposa a una paria humillada, despojada de su hogar y acusada públicamente de extorsión. Mientras sufría el dolor de una quemadura física y el abandono de Julián ante las cámaras, la sociedad le dio la espalda, convirtiéndola en el blanco de una turba que pedía su cabeza. En medio de su desesperación, una pregunta comenzó a torturarla: ¿realmente sus padres murieron en un accidente o fue un asesinato orquestado por la familia Real? La aparición de un documento con una firma comprometedora sembró la duda sobre quién era el verdadero monstruo detrás de su tragedia. ¿Fue Damián, el gélido y poderoso hermano mayor de Julián, quien autorizó la caída de su familia, o es él la única pieza que no encaja en este rompecabezas de mentiras? La confusión se mezcló con una atracción peligrosa hacia el hombre que parece ser su único aliado y, al mismo tiempo, su mayor sospecha. Bajo la identidad secreta de "Iris", la compositora fantasma que mueve los hilos de la industria, Lucero decide dejar de huir para empezar a cazar. Una firma húmeda en un papel prohibido, un pacto oscuro con el enemigo de su enemigo y una melodía cargada de venganza marcarán el inicio de su contraataque. Esta vez, Lucero no será la víctima, sino el incendio que consumirá el imperio de los Real hasta que no queden ni las cenizas.

La fría y amarga traición del multimillonario

La fría y amarga traición del multimillonario

Gu Jian
5.0

Casi muero en un accidente aéreo, viendo el suelo acercarse a toda velocidad, pero mi esposo, el magnate Adán Horta, ni siquiera llamó. Mientras yo me arrancaba el suero y salía cojeando del hospital bajo la lluvia, vi llegar su Bentley. El corazón me dio un vuelco, pensando que por fin venía por mí. Pero Adán pasó de largo, ignorando mi figura empapada. Se bajó y cargó en brazos a su exnovia, Casia, tratándola con una ternura que jamás tuvo conmigo, como si ella fuera de porcelana. Los seguí hasta el área de maternidad y escuché la devastadora verdad: 12 semanas de embarazo. Las cuentas eran exactas: la engendraron en nuestro tercer aniversario, mientras yo soplaba las velas sola en casa. Al confrontarlo esa noche, Adán ni siquiera se disculpó; me miró con frialdad y me sirvió una copa. "Casia es frágil, es un embarazo de riesgo. Tú eres aguantadora, Anayetzi, por eso me casé contigo. Deja el drama, firmaste un prenupcial". Pensó que, al bloquear mis tarjetas y dejarme sin un centavo en la calle, yo volvería arrastrándome a su mansión como el perro rescatado que él creía que era. Olvidó que antes de ser su esposa trofeo, yo ya sabía sobrevivir sin nada. Al día siguiente, irrumpí en su oficina frente a toda la junta directiva. Vertí una taza de café podrido sobre los contratos originales de su fusión más importante, arruinando el negocio del año. Y frente a su amante y sus empleados, me quité el suéter de cachemira y los jeans de diseñador que él había pagado, arrojándolos al suelo y quedándome de pie con dignidad. "Te devuelvo tu ropa, tu dinero y tu apellido, Adán. Pero ya no me tienes a mí". Las puertas del elevador se cerraron mientras él gritaba mi nombre, dejándolo solo con sus millones y su desastre.

Embarazada y divorciada: Oculté a su heredero

Embarazada y divorciada: Oculté a su heredero

Gong Mo Xi o
4.3

El médico me miró con lástima y me dio la noticia que había soñado durante tres años: estaba embarazada. Pero advirtió que era de alto riesgo y que cualquier estrés podría matarlo. Corrí a casa para decírselo a mi esposo, Sol Espejo, esperando que esto salvara nuestro frío matrimonio. Pero él ni siquiera me dejó hablar. Me deslizó un sobre manila sobre la isla de mármol y dijo con frialdad: "El contrato de tres años terminó. Calma ha regresado". No solo me estaba divorciando para volver con su exnovia, sino que al leer la letra pequeña, encontré la Cláusula 14B: si había un embarazo resultante de la unión, él tenía derecho a exigir la terminación inmediata o quitarme la custodia exclusiva para enviar al niño a un internado en el extranjero. Me tragué las náuseas y el secreto. Sol no solo me echó, sino que me obligó a organizar la fiesta de bienvenida de su amante y a ver cómo usaba los regalos que yo le había comprado para cortejarla. Frente a todos, me llamó "una responsabilidad" y un "caso de caridad" que su abuelo le impuso. Cuando le pregunté hipotéticamente qué pasaría si estuviera embarazada, su respuesta me heló la sangre: "Lo manejaría. Ningún hijo mío nacerá en este desastre". "Manejarlo" significaba borrarlo. Esa noche, vertí mis vitaminas prenatales en un frasco de medicina para la úlcera y firmé los papeles del divorcio renunciando a la pensión para acelerar el trámite. Deslicé mi carta de renuncia bajo su puerta y me toqué el vientre plano. Él cree que ganó su libertad, pero nunca sabrá que acaba de perder a su heredero.

Capítulo
Leer ahora
Descargar libro
El cielo la mandó, el infierno la obedeció El cielo la mandó, el infierno la obedeció Harmonia Thong Moderno
“Eliana se reunió con su familia, ahora devastada por circunstancias implacables: su padre estaba encarcelado, su madre gravemente enferma, sus seis hermanos abatidos y una hija falsa que había huido en busca de mejores oportunidades. Todos se burlaban de su desgracia. Pero, bajo su mando, Eliana convocó al Sindicato Onyx. Las barras se abrieron, la enfermedad desapareció y sus hermanos se levantaron: uno volvió a caminar, otros triunfaron en los negocios, la tecnología y el arte. Cuando la sociedad se burló de la "chica pueblerina", ella reveló que era una doctora prodigiosa, una pintora famosa, una hacker prodigio... En resumen, una reina oculta. Un poderoso magnate la abrazó con firmeza. "¿Una pueblerina? ¡Ella es mi prometida!". Eliana lo miró con desdén y objetó: "Ni en sueños". Decidido, él juró nunca dejarla ir.”
1

Capítulo 1 Vendida

12/09/2025

2

Capítulo 2 Reencuentro con su hermano

12/09/2025

3

Capítulo 3 Ella no había sido desechada

12/09/2025

4

Capítulo 4 Una cura inesperada

12/09/2025

5

Capítulo 5 Una destreza insospechada

12/09/2025

6

Capítulo 6 No me voy a ninguna parte

12/09/2025

7

Capítulo 7 Lo que ella merece

12/09/2025

8

Capítulo 8 Hacerla pagar

12/09/2025

9

Capítulo 9 Un fantasma del pasado

12/09/2025

10

Capítulo 10 Una deuda por saldar

12/09/2025

11

Capítulo 11 Ya he dormido contigo

12/09/2025

12

Capítulo 12 El contrato anulado

12/09/2025

13

Capítulo 13 Un error costoso

12/09/2025

14

Capítulo 14 Guardar rencor

12/09/2025

15

Capítulo 15 Una oferta inesperada

12/09/2025

16

Capítulo 16 Entre la fe y la sospecha

12/09/2025

17

Capítulo 17 Falsa alarma

12/09/2025

18

Capítulo 18 Devolviendo el favor

12/09/2025

19

Capítulo 19 Una dura lección

12/09/2025

20

Capítulo 20 Una mentira oportuna

12/09/2025

21

Capítulo 21 Una acusación infundada

12/09/2025

22

Capítulo 22 Eres hermosa

12/09/2025

23

Capítulo 23 Un futuro arreglado

12/09/2025

24

Capítulo 24 Nacida para mandar

12/09/2025

25

Capítulo 25 El sonido de una bofetada

12/09/2025

26

Capítulo 26 Una prueba de gratitud

12/09/2025

27

Capítulo 27 Solo un malentendido

12/09/2025

28

Capítulo 28 El peso de la verdad

12/09/2025

29

Capítulo 29 Fragmentos de un recuerdo borrado

12/09/2025

30

Capítulo 30 Un rostro del pasado

12/09/2025

31

Capítulo 31 Qué coincidencia volver a vernos

12/09/2025

32

Capítulo 32 ¿Nos consideras amigos

12/09/2025

33

Capítulo 33 La lesión de Damon

12/09/2025

34

Capítulo 34 Un fracaso tras otro

12/09/2025

35

Capítulo 35 La desaparición de Sean

12/09/2025

36

Capítulo 36 Fantasmas del pasado

13/09/2025

37

Capítulo 37 Fue a salvar a Sean

13/09/2025

38

Capítulo 38 Una cuenta por saldar

14/09/2025

39

Capítulo 39 Tres favores

14/09/2025

40

Capítulo 40 Quédate el tiempo que necesites

15/09/2025